
Mena es el proyecto personal de Antonio Mellado Mena, músico murciano y componente de Garaje Florida, antes también de El Bueno, el Feo y el Mena. Compositor meticuloso y poco dado a la urgencia, su trabajo se sitúa al margen de modas y tendencias, con canciones que avanzan despacio y se sostienen más en el tono y el clima que en el impacto inmediato. Su voz grave y su forma de escribir, contenida y precisa, definen un estilo reconocible desde el primer tema.
Cinco años después de «Francotirador» (2019), este mes de febrero publicará su nuevo trabajo «Recodos Territoriales», un disco grabado en Alhama de Murcia y producido por Marco Velasco. Diez canciones que miran al entorno rural, al paso del tiempo y a lo cotidiano sin grandilocuencia, con una instrumentación sobria donde el piano gana peso y los arreglos están siempre al servicio de la canción. Siguen presentes referencias al folk y al pop clásico, junto a ecos de psicodelia sesentera y flamenco, integrados con naturalidad en un lenguaje propio. Hasta ahora, el disco se ha ido presentando con los singles “Ángeles y mariposas” y «La cabeza del leñaor». Hoy ha visto la luz su nuevo adelanto «Arco del Triunfo».
En esta entrevista, Mena habla del contexto personal en el que nace el disco, de su manera de componer sin prisa, de la diferencia entre trabajar en solitario o en grupo y de cómo entiende hoy su lugar en la música. Una conversación directa y sin artificios, en la misma línea que un disco pensado para escucharse con calma.
Si tuvieras que presentarte en pocas palabras. ¿Serías capaz? ¿Cómo lo harías?
Hola, me llamo Antonio Mellado Mena y escribo canciones.
En la presentación de «Recodos Territoriales» se habla mucho del mundo rural, del tiempo lento y de la belleza cotidiana. ¿De dónde nace esa mirada en este momento de tu vida?
Cuando empecé a escribir las canciones del disco venía de un momento difícil, no sólo por el letargo coronavírico sino también por un trabajo insatisfactorio que había estado realizando durante año y medio. Habían pasado casi dos años en los que no cogí ni instrumento ni lápiz y tomé la decisión de que había llegado el momento de volver a cogerlos. El campo, la vuelta a vivir y que me pasaran ciertas cosas bonitas fueron el desencadenante. Esos aspectos son el leit motif que quería reflejar.
¿Es un disco más autobiográfico que «Francotirador» o más contemplativo?
Es un disco hecho en menos tiempo. Desde el momento en que empiezo a escribir las canciones hasta que se graban no pasa ni un año. Es decir, tenía en mente un objetivo muy claro con ellas, sabía de lo que quería que tratasen. Es autobiográfico en la medida en que parte de lo que tengo a mi alrededor, que es bastante campo a través y personas queridas que me acompañan; y es contemplativo porque el silencio y la tranquilidad han sido parte fundamental del proceso. Eso está en las canciones, me tomo mi tiempo para cantar, para que suenen los instrumentos, no tengo prisa ninguna en ningún momento.
«Francotirador» es un disco más críptico porque nació en un momento de transición entre Garaje Florida y empezar a hacer algo de otra manera por mi cuenta. De hecho, las canciones de «Francotirador», en su mayoría, ya existían mientras Garaje Florida estábamos en funcionamiento.
Han pasado varios años desde ese primer disco en solitario. ¿En qué sientes que ha cambiado Mena entre aquel disco y este?
Todos cambiamos, queramos o no. No somos lo mismo en ningún momento y lugar. Te pasan cosas que te hacen reflexionar y girar ciertos rumbos. Es inevitable. Lo digo en una canción de este disco: “Así va la vida, nunca es la misma”. Si te dijera que soy más maduro o más adulto estaría mintiendo. Miro la música con ojos de niño, aún consigo sorprenderme con las cosas que hago.

En el primero se citaban influencias americanas como Bill Callahan o Tim Buckley. ¿Qué referencias dialogan ahora con Recodos territoriales?
Esos músicos que mencionas siguen estando presentes en mi acervo musical. Me siguen acompañando, pero por citar otras influencias que me hayan ayudado en el camino podría citar a Ray Davies, Love, Los Zombies, otras bandas de psicodelia sesentera y el flamenco español, que es extraordinario.
¿Cómo fue el trabajo con Marco Velasco en la producción? ¿Hubo una idea clara desde el principio o el disco se fue revelando poco a poco?
Había una idea primigenia en cuanto a la consecución de algunas canciones, no requerían de demasiados artilugios, y así se han quedado. Otras, en cambio, fueron creciendo conforme se iban grabando las partes; la comunicación entre Marco y yo siempre es productiva, nos entendemos muy bien. Eso no quiere decir que vaya todo rodado, a veces nos hemos tenido que parar a pensar en si era necesario hacer un arreglo o desecharlo. Estamos al servicio de las canciones siempre y no al revés.
“Ángeles y mariposas” abre el disco y marca mucho el tono. ¿Por qué decidiste que fuera la carta de presentación?
Al ser un disco bastante introspectivo, creímos pertinente que lo mejor sería abrir con una canción más luminosa y con un estribillo claro. Hay que pensar en la música, pero también en el márketing, ¿verdad?
Tus letras parecen muy reposadas, nada impulsivas. ¿Cómo surgen tus canciones?
En este disco hay muy pocos impulsos, es cierto. Como he mencionado antes, era lo que quería plasmar, si quiero cantar sobre lo bello, trato de usar un lenguaje acorde, una cadencia en consonancia, los silencios, la respiración… Pero en Garaje Florida casi siempre era al revés, buscaba la inmediatez u otro tipo de ritmo pensando siempre en mis dos acompañantes.
¿Te sientes cómodo en el margen, fuera de modas y tendencias?
Voy a ser breve aquí porque si no podría empezar a renegar y no es de recibo: estoy cómodo en lo musical, no en lo económico.
También ha vuelto Garaje Florida. ¿Cómo está siendo volver a poner en marcha el grupo?
He tenido la suerte de que he podido tocar y grabar con los dos mejores músicos que hay para mí en Murcia. Por lo tanto, volver a hacerlo con ellos ahora es lo más fácil que te puedas imaginar, aunque obviamente es difícil de explicar. Estamos muy contentos de haber vuelto al redil musical, acabamos de grabar dos canciones y grabaremos más si Dios quiere durante los meses venideros.

¿Qué te da la soledad creativa que no te da una banda?
Te contesto con un ejemplo. Esta mañana he terminado de escribir una canción pensada para el grupo, la pienso así en cuanto tengo los primeros acordes y la primera frase, y ya me imagino a mis dos secuaces conmigo. Luego le daremos forma entre los tres y será una canción de los tres, que es como tiene que ser. Cambiará algo en alguna estrofa, tendremos que modificar la letra, pensaremos en arreglos que den forma a la canción, etc.
Cuando salen canciones pensadas para mí el proceso se invierte un poco, porque en general atisbo unos arreglos diferentes o que se salen de la idiosincrasia del grupo. O directamente no hay arreglos más que mi voz y el instrumento.
En ambos casos hay una parte de soledad, que es importante porque me invita a imaginar, lo que te decía de volver a ser un niño; pero en realidad nunca estoy solo del todo, ni siquiera cuando las canciones las firmo en solitario.
¿Para quién crees que está pensado «Recodos territoriales»?
Es cursi lo que voy a decir, pero es un “from me to you”. De mí para todos ustedes. Creo que era Billy Wilder el que dijo en una entrevista que hacía las películas que a él le gustaría ver. Pues eso mismo.
En un mundo tan acelerado, este disco invita a parar. ¿Crees que hoy escuchar música con calma es casi un acto revolucionario?
Nunca he considerado a la música ni a ninguna disciplina artística como un acto revolucionario en sí mismo. Depende del contexto social y cuando surgen las cosas. En ese sentido es revolucionario el Conejo Malo. Pero este disco está pensado para hacer lo que yo he hecho siempre con la música: sentarme y ponérmela. Sin perturbaciones.


