Tras más de una década de trayectoria, Le Mur atraviesan el momento más determinante de su carrera. Si Caelum Invictus (2023) supuso el verdadero punto de inflexión para la banda murciana, Bruto (2026) confirma que aquel cambio no fue un espejismo. Con este nuevo EP, editado por Spinda Records, el cuarteto formado por Elsa Muñoz, Pedro J. Carrillo, Carlos Barceló y Juan Carlos Becerra lleva un paso más allá su propuesta, abrazando la experimentación sin renunciar a la intensidad que ha definido su sonido.
El reconocimiento de Radio 3, que eligió el trabajo como Disco Gourmet de la Semana en Turbo 3, evidencia que el grupo ha dejado de ser un secreto reservado a la escena alternativa.
Hablamos con la banda sobre ese proceso de transformación que comenzó hace tres años, la libertad creativa que ha marcado la composición de este nuevo trabajo y una filosofía que reivindica la imperfección como motor artístico. También reflexionan sobre la presión estética que inspira canciones como Porno, la evolución de su sonido, la falta de apoyo institucional a las bandas emergentes, su relación con la escena musical murciana y los retos de un grupo que, lejos de acomodarse, sigue decidido a derribar cualquier etiqueta mientras mira ya hacia su próximo capítulo.
¿Venís de un punto de inflexión claro desde Caelum Invictus. ¿Sentís que ese disco fue realmente vuestro «comienzo» como banda?
A veces es difícil decir cuándo un proyecto ha empezado realmente: si es cuando haces tu primera canción, cuando publicas tu primer trabajo o cuando comienza a tener aceptación, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que ese disco nos puso en algún lugar e hizo que el foco apuntara hacia nosotras de alguna forma. Eso nos ayuda a querer saber qué más podemos hacer.
¿Qué cambió internamente en Le Mur tras ese «reset» de formación y sonido?
La entrada de JC a la batería, terminar el disco en siete meses y sacarlo sin saber qué iba a pasar, pero sintiendo que el corazón decía que sí. Se instaló en nuestra mente la idea de que no teníamos que hacer las cosas de una manera concreta. Algo se despertó. Llamémoslo libertad creativa, dentro de nuestras posibilidades. Y desde entonces tenemos claro que vamos a hacer lo que podamos y queramos.
El título Bruto parece casi una declaración de intenciones. ¿Qué significa exactamente «ser bruto» para vosotros?
Mostrarte sin pulir y aun así tener una belleza genuina, una belleza pura, algo visceral que se puede confundir con fuerza de empuje cuando en realidad es solo la belleza de la resistencia.
¿Por qué apostar por un EP en este momento en lugar de un LP? ¿Qué dificultades os habéis encontrado en el camino?
Apostamos por un EP porque fue lo que nos dio tiempo a componer: de nueve temas grabados, pasaron el corte seis, y decidimos sacar este formato más ligero, muy acorde con la idea de Bruto. La dificultad ha sido el ínfimo apoyo por parte de los organismos que realmente podrían ayudarnos a dar un paso más.
¿Qué os habéis permitido hacer aquí que antes no os atrevíais?
Decir las cosas tal cual nos vinieron, sin pensar en nada más que en lo que podía salir sin pulir; de ahí lo de Bruto. Ha sido un trabajo más improvisado que compuesto, y aun así estamos muy contentas con el resultado.
En Bruto las influencias y estilos se suman y acumulan. ¿Cómo se construye un sonido tan híbrido sin perder identidad?
Realmente no solemos basarnos en influencias; intentamos encajar las apetencias del momento de cada una de las integrantes, que suelen ser distintas, y hacer que de alguna forma todo tenga sentido. Esa es una parte muy divertida del puzle Le Mur.
¿Cómo es vuestro proceso creativo: nace antes la emoción, el concepto o el sonido?
Primero el sonido, luego la emoción y, por último, el concepto.

¿Os preocupa que la experimentación os aleje de cierto público o lo veis como parte necesaria del camino?
Nosotras no hacemos música para que nadie se quede o se vaya; no nos preocupa que la gente venga o se marche. Lo único que nos preocupa es que el público no nos elija por miedo, que no apueste por nosotras por no encajar en un cómputo que alguien dice que es lo que hay que hacer ahora. No queremos resistirnos al paso del tiempo, en absoluto. Tampoco queremos intentar entrar en cada carro con luces que pasa.
«Porno» aborda la presión estética sobre las mujeres de forma muy directa. ¿Qué necesidad había detrás de escribir esa canción?
El bombardeo absurdo de estímulos que recibimos a diario, que nos invitan agresivamente a cambiar nuestros rasgos es motivo suficiente para levantar la voz. Unos rascos que, por otra parte, creemos que son precisamente los que nos diferencian y nos hacen ser nosotras mismas. Aunque creo que la necesidad nace de las cicatrices emocionales y psicológicas que deja ese empacho de señales que te apuntan como inválida.
Estando al frente de una banda, ¿has tenido que aguantar comentarios sobre tu físico que cualquier otro músico nunca oirá jamás?
Claro, pero me la suda. Me peleo si es necesario, me comen el puto coño por debajo las expectativas de este tipo y lo que les provoquen a estos «hombres». Lo que sí me toca, supongo, es esa sensación al ver ciertas caras, ciertos gestos, comportamientos. Te ofrecen cosas que luego no son, te ponen y te quitan porque no respondes a lo que realmente buscan; puedes interpretarlo como quieras, una lo sabe.
Cuando era más joven sí recibía este tipo de comportamientos de forma mucho más directa, lo cual me parece asqueroso. Gente que empieza entrando por la música pero teniendo otro objetivo distinto. Puede que ya no ocurra tanto porque doy la impresión de que no lo voy a dejar pasar, por ser más yo misma y, por ende, menos accesible en ese sentido. No debería ocurrir.
«Lapislázuli» posiblemente sea vuestra canción más accesible. Me ha recordado a grupos como Repion. ¿Qué sensaciones habéis tenido con ella tras haberla lanzado?
Fíjate que yo conocí a Repion después de hacer Lapislázuli, en un festival el verano pasado, así que no han sido una influencia, pero son buenísimas y súper divertidas en directo. Aquí simplemente jugamos con tonalidades mayores para dar más luz, apertura y brillo a la canción, y al final resultó en esto. Nunca tenemos en mente hacia dónde va a ir cada canción.
Vuestras letras son muy viscerales, pero también conceptuales. ¿Cómo equilibráis lo personal con lo universal?
Siempre me ha preocupado muchísimo escribir bien, hasta Bruto, y después me ha vuelto a preocupar muchísimo. Creo que es algo que se aprende durante toda una vida, y mi escritura irá cambiando conforme siga trabajando y componiendo canciones. Creo que todavía no he conseguido calibrar esos dos pesos de los que hablas, pero me parece maravilloso seguir teniendo cosas en las que mejorar y poder demostrármelo a mí misma en las próximas canciones y conciertos.
Tu voz pasa de lo etéreo a lo desgarrado constantemente. ¿Cómo trabajas esa dualidad?
Con mucho ensayo y entrenando el fondo. A veces se reproduce mejor en directo que en el estudio y otras veces no llega a sonar tan bien como las tomas de estudio. He conseguido un nivel base de ejecución del que no bajo y del que estoy muy orgullosa a la hora de defender las canciones en unas performances tan intensas.
Estar en Turbo 3 como Disco Gourmet de la semana es un escaparate importante. ¿Qué ha significado para vosotros?
Para nosotras significa que tenemos la suerte de contar con locutores en nuestra radio nacional que todavía miran a puntos tan invisibles como Alcantarilla, en Murcia, y se molestan en ver valor en el trabajo que han creado. Es una mezcla de suerte y trabajo duro, pero no habría sido posible sin que Julio Ródenas decidiera darnos ese espacio. Supongo que es una mezcla de todo, pero no puedo estar más agradecida.

Mencionáis el concepto de wabi-sabi. ¿Cómo influye esa filosofía en vuestra música?
Tener que ser perfectas y responder a la excelencia todo el tiempo me parece agotador, sobre todo cuando eso no forma parte de tu personalidad. Tenemos la suerte de no ser perfectas ninguna de las cuatro, y en esa imperfección está Le Mur. Creo que algo tan genuino no se puede definir mejor que con ese concepto: es nuestra nariz torcida, el diente ligeramente manchado, el ojo más cerrado, la ceja más alta; es el rasgo que no termina de cuadrar pero que tiene un encanto, nos define y nos representa.
En una industria obsesionada con la perfección, ¿reivindicáis la imperfección?
Absolutamente sí. A sonreír con los dientes torcidos todo el mundo, a mirar con amor y ojos curiosos todo lo distinto.
¿Qué es lo más revelador que habéis vivido gracias a la música?
Que cuando lo estás haciendo realmente bien es cuando peor van a ir las cosas, y hay que aguantar si aún encuentras la fuerza.
¿Qué grupos andáis escuchando últimamente? ¿Alguna recomendación?
Ridgeclub, Flawed Mangoes, lo último de Jamie Lenman y también el último de Basement.
Murcia siempre ha sido una ciudad más hostil para unos estilos que para otros. ¿Cómo es vuestra relación con la ciudad?
No sería la primera vez que decimos que no estamos de acuerdo con lo que se ha estado mostrando de nuestra tierra como seña de calidad; no porque no formemos parte de ello, sino porque solo abarca un estilo de música. Esto, de un tiempo a esta parte, ha cambiado, porque tienes a grupos como Maestro Espada haciéndolo bien sin soltar Murcia, pero hay más ejemplos.
Siempre nos ha frustrado pensar en todas las canciones que no se van a escuchar. Las relaciones personales tampoco han ayudado, y solo diré que en el mundo de la música deberíamos tener como idea base que venimos a disfrutar de esta, no a competir ni a echar pulsos de ningún tipo.
Si todo sale bien, ¿dónde os gustaría veros en unos años?
En todos esos sitios en los que nos han cerrado la puerta estos años.


