Con La Raíz, no es casualidad que las crónicas lleven por titular «Coge aire, está abarrotado» o «Ni un alfiler«, porque la capacidad que tienen para movilizar masas es casi tan brutal como su música. Ellos son muchos encima del escenario, pero el público, siempre juez, también está con ellos. Más de 3000 personas nos dimos codazos y derramamos cervezas el pasado 24 de marzo en el Auditorio Parque Fofó de Murcia, donde La Raíz nos citó para abrir su nueva gira: ‘La Hoguera de los continentes».
Rock, rap, reggae, mestizaje… de sobra es sabido que La Raíz es inetiquetable, pero lo que más me ha sorprendido a lo largo de los conciertos de este grupo es su público. Cómo ha crecido, y, sobre todo, lo heterogéneo que ha sido siempre. Mirabas a tu alrededor y no había rockeros, no había raperos, no había rastafaris… era un crisol donde estaban todos, moviéndose como una única masa al ritmo de la banda.

Esa masa heterogénea, en ocasiones parecía tener cadenas y crestas, mezclaba gorras planas y pantalones hippies… hasta rastas rosas se vieron. La música de La Raíz llega a todos por igual. Emociona, transmite y crea consciencia. Tus gustos musicales son lo de menos para pasártelo bien en un directo de los valencianos, pues el ritmo desenfrenado y las ollas multitudinarias te obligan a bailar, a mover desde los pies hasta el cuello pasando por el culo, y a disfrutar cual niño pequeño.
Son ya varios años en los que La Raíz une a miles de personas de muy distinta índole, y les convence a todos. El concierto no frena en ningún momento, y dentro de esta nuevo tour hemos podido encontrar canciones antiguas que no se escucharon el las últimas giras, e incluso temas que parecían desterrados de los directos. Una nueva vuelta de tuerca, otro motivo más para pagar la entrada, y un seguro de diversión. Entre poetas y presos sigue siendo el eje de la hora y pico de concierto, pero con un nuevo repertorio, más apuestas personales y el Tren huracán, tema escogido por el público para sumarse al tracklist durante toda la gira.
Y todo este crisol de personalidades, gustos, culturas y razas que se podía identificar como una única masa viva, se abría cada pocos compases para que apareciesen las ollas, o pogos, que ya son un componente más de La Raíz. No paró la gente de botar, chocar, y aparecer en la otra punta del recinto. Sin duda, el mejor reflejo de lo que transmite la banda con sus letras: unión, lucha, sudor y mucha, mucha energía concentrada. Absolutamente todo el público abandonó el recinto con agujetas y una sonrisa cansada en la cara, pero muchas ganas de continuar la fiesta en Murcia.
La noche la abrió Generación 91, un grupo de rap llegado desde Orihuela y que con sus letras sentidas y rimas pesadas consiguieron sorprender, para muy bien, a la mayoría de los asistentes que no les habían escuchado nunca. Los menos raperos del público se llevaron una grata alegría con la banda que comenzó a poner ritmo a la noche. Una fusión acústica que cala. Seguro que tendremos pronto más noticias de estos chavales.
Entre medias, la poderosisíma voz de Road Ramos y su más que acertada banda puso la piel de gallina al respetable. La cantante no tiene reparos en hacernos sentir todo tipo de experiencias y estados de ánimo que responden a la pregunta que da título a su disco: ¿Qué sueñan los perros? Sueños que va encadenando durante toda su actuación, hasta llegar al tramo final, mucho más funk y acelerado. El paso previo perfecto para disfrutar con La Raíz, pero a la vez dejó una sensación de que Road Ramos podría tener un ritmo más festero durante todo el directo.



























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