No es un problema de las todas las películas. La incoherencia, me refiero. Por ejemplo, no podemos calificar como un aspecto negativo de una obra maestra como Rata-tui que el protagonista (una rata de campo con un olfato prodigioso para la cocina que apuesta por el individualismo y la realización personal) “hable” a la cámara como un ser humano. ¿Sería Rata- tui una mejor película si hubieran ignorado la ilógica comunicación que se establece en la historia? Y ya que estamos con Pixar: ¿por qué los muñecos de Toy Story se quedan quietos cada vez que aparecen seres humanos a su alrededor? ¿Son ellos los que deciden permanecer estáticos o es que los juguetes no pueden moverse por una fuerza invisible que les “quita la vida”?
Cuando Dorothy aterriza el país de Oz y la película pasa de blanco y negro a color, observamos que Dorothy permanece sonriendo un rato a su alrededor, abriendo mucho los ojos, totalmente exaltada. Mi pregunta: si lógicamente, Dorothy ya veía la vida en color, ¿qué está viendo Dorothy ahora que nosotros, limitados espectadores, no podemos apreciar?
El famoso momento de alimentar a un tiranosaurio con una cabra montesa, ¿formaría parte de la ruta diaria de Jurassic Park una vez el parque fuera abierto al público? ¿Cuántas cabras clónicas se quedaron debajo de la isla, reposando plácidamente, esperando “coger el ascensor”?
Cada película tiene sus propias incoherencias impuestas. Las películas más coherentes son, curiosamente, con las películas religiosas.
Ayer salió el tráiler de la nueva película de Darren Aranofsky, autor de películas tan estimulantes como, “Requiem por un Sueño”, “The Fountain”, o “Cisne Negro”. El título de la película es “Noé”, y, en efecto, trata de la historia recogida en la Biblia. El tráiler, aquí mismo.
El avance ha sido acogido con gran entusiasmo por diferentes blogs. Más o menos se ha confirmado que la historia de Noé contada por Aranoksy, licencias autorales aparte (las partes más interesantes de la película, estoy convencido), va a ser, evidentemente, la historia de Noé y su Arca. Todos han alabado la fotografía y los movimientos de cámara del director (visualmente la película parece realmente fascinante. Siempre tuve claro que el Dios del Antiguo Testamento es claramente “expositivo” con su fuerza de poder).
Por otro lado, entiendo la metáfora (algo simple) con el mundo actual: la democracia no funciona, no hay alternativas políticas o morales, el mundo se va al traste, los polos se derriten…
…Pero no entiendo por qué la solución a todo esto es “vamos a tirar las casas con los inquilinos dentro y vamos a construir unas mejores encima de las cenizas”. O sí la entiendo, pero es una idea tan infantil (la falsa promesa de “empezar de cero” en la sociedad actual) que imaginarme dos horas de película tragándome esa premisa va a ser…Difícil.
Pero bueno. Hagamos un esfuerzo. Si queremos entrar en el juego de la película vamos a tener que creer que una familia va a sobrevivir al mundo porque un Deux Ex Machina lo ha decidido. Tras preguntar si tal catástrofe no puede evitarse (la respuesta es NO, por cierto) deducimos que Noé se pondrá manos a la obra y no volverá a dudar del trabajo al que ha sido encomendado. La historia de Noé es, al fin y al cabo, una historia cuya máxima es confiar que un ser supremo salve al ser humano de sí mismo.
Bien. Sabemos que la vida (el mundo) no funciona así, ¿verdad?
Nos gustaría que fuera así.
Rezamos para suceda algún día.
Veréis, la gran virtud de las películas religiosas es que no contemplan la posibilidad de la incoherencia. No puedes criticarlas, ni tan siquiera reírte de ellas. Las películas religiosas son traslaciones a la gran pantalla de puro texto sagrado. Las películas religiosas tienen una grandísima virtud: te reafirman en tus convicciones en vez de agitarlas. Te dan lo que estás buscando.
..Y si tienen un presupuesto de 120 millones, mejor que mejor.
¿Alguien vio “Take Shelter? La película, una pequeña producción protagonizada por Michael Shannon y Jessica Chastain, te cuenta la historia de un hombre que un buen día empieza a tener sueños sobre una imprecisa amenaza apocalíptica, por lo cual decide construir un refugio para su familia. La película usaba la metáfora de Noé para hablar de la fragilidad del mundo actual como fin de todos los tiempos, a la vez que era una gran película sobre la comunicación y la familia. No importaba tanto que el mundo se acabase como el hecho de permanecer juntos, unidos por el amor. Si mañana se apaga la luz, al menos conozco la persona que tengo a mi lado. Y sólo con eso nos basta.
Los personajes de “Noé” van a estar unidos por algo más que amor. “No estoy solo”, dice Noé en un momento del tráiler.
Ay.
No se refiere a Emma Watson y Jennifer Connelly, me temo.
Hoy en día no podemos vivir sólo con metáforas. Por mucho que se intente adaptar, la realidad no cabe en un libro basado en parábolas y leyendas transcritas hace milenios. La realidad es más intensa, más dura y (en el fondo) mucho más interesante, porque la realidad es, al fin y al cabo, posibilidades. Posibilidades de creer en un ejército de cabras montesas bajo la tierra de un parque temático, posibilidades de pensar en mensajes ocultos en una película que experimenta con el Technicolor, posibilidades de creer e imaginar realidades, alternativas, soluciones. Posibilidades para no conformarnos nunca. Jamás.
La religión debería ser capaz de ser eso (y quiero creer que lo hace). En serio. Quiero pensar que Noé es algo más una película que al igual que “La Pasión de Cristo” va a recaudar millones en taquilla.
Pero luego leo que Ridley Scott está adaptando la historia de Moisés y el Éxodo del pueblo elegido. Con Christian Bale de protagonista.
Yo ya no sé qué metáfora verle a todo esto, la verdad.


