Cuando aún estábamos cantando “Baby Blue”, cuando aún sentíamos escalofríos con esa escena de Hank Sc… bueno del adorable y calvo cuñado de Walter White. Cuando aún resonaba en nuestra cabeza “dios mío, creo que Ozymandias supone el culmen de la televisión”, nos llegó de sopetón la noticia de que el abogado más carismático de la parrilla (tarea no muy ardua, todo hay que decirlo), tendría su propia serie de televisión.
¿Pero por qué elegir a Saúl Goodman? No tengo la respuesta, pero tengo una teoría: es el protagonista de “Breaking Bad” del que menos conocemos. No sabemos cómo llegó a ser un abogado tan inmoral, no sabemos nada de su pasado, nada de su familia, nada de su futuro. Y además tiene un carisma arrollador. No, no es una mala elección, es la mejor de hecho, solo que cuesta un poquito verlo claro.
Pero ya está aquí, y a pesar un arranque algo dubitativo, podemos decirlo claro: “Better Call Saúl” es buena, muy buena. Pero se ha de insistir en lo de dubitativo, en un gusto con un ligerísimo y casi imperceptible amargor, pero que ahí está, estropeando el conjunto. Será cuestión de dejar que respire un poco, cuestión de aceptar que no todas las series pueden arrancar como lo hizo su hermana mayor.
El principal problema que tiene es su predecesora, pero más problemático se vuelve el problema cuando este también es tu mayor virtud (un poco de jerga para meterme en la piel de Saúl, disculpad). En resumidas cuentas: Breaking Bad es lo peor y lo mejor que tiene este spin-off, y desde la aparición de Tuco, hasta el virtuoso arranque en blanco y negro, todo nos recuerda a esta.
Como fan, confieso que no puedo estar más contento, pero objetivamente hablando, Better Call Saul tiene un gran peso sobre sus espaldas. Y aunque el tono negativo de este texto pueda indicar lo contrario, un servidor ha disfrutado como un enano de las fornicaciones de cabezas, las negociaciones sobre si romper dos piernas o hacer corbatas colombianas, de la tristísima vida de Saúl, de Tuco y de Breaking Bad. Porque señores, esto es Breaking Bad en estado puro, que no os quepa ninguna duda.




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