Muchas ganas. Los Za¡, son esas bandas que sabes que vengan cuando vengan, quieres ir a verlas. La primera vez que pude disfrutar de su directo fue a intempestivas horas en el Sos 4.8. La segundo fue una “Kotxinera” en Alhabama. Junto con sus compañeros de improvisaciones variadas, CaboSanRoque, están dentro de la lista de grupos que apuestan por diferenciarse, por buscar cosas nuevas y encontrar sonidos, estructuras y canciones diferentes. Y vaya si lo demostraron el jueves pasado en la 12 Y Medio.
Pero antes de mi tercera goZAda, un descubrimiento aguardaba. CaboSanRoque no es únicamente un grupo de experimental. Es una obra musical actuada. A caballo entre la performance y el concierto. Presiden la escena seis módulos con lucecitas, panderos, chapas y todo tipo de cachivaches. Hasta una máquina de escribir, medio cráneo de perro, muelles, máquinas de fumigar, peines… Estas seis cajas se mueven, se encienden y crean un patrón programado. Alrededor del cual la pareja formada por Cabo y Roque añaden atmósferas. Él con guitarra y pedalera kilométrica y ella con tres teclados. Las ahora seis cajas, antes eran tres y se llamaban “Los Tres Tristes Truenos”, pero por vicisitudes logísticas a la hora de volar hasta Chile al Sónar, ahora son seis. Estos mecanismos vienen a ser su batería y su bajo. Música extraña y tortuosa pero preciosa y bonita a la vez. Melodías y kraut. Los Za¡, que se encuentran entre el público, se suben con clarinete y trompeta para improvisar bajo la dirección del otro dúo. Envolventes, alucinantes y machacones.
Pero lo que mola de los Za¡ es que empiezan el concierto tocando desde la calle. Tocando la trompeta y aporreando las baquetas todo lo que se encuentran. PapaDuPau Y Spazzafrica. Con estos dos seudónimos no esperareis que hagan música para todos los oídos. Hacen lo que les da la gana. Creando temas de una energía y casi inabarcables.
Verles construir los castillos sonoros que montan te hace babear. Flipante como Edu cambia los platos como si fueran cromos para así conseguir diferentes sonidos de su batería. Incluso aplica el micro de voz sobre los parches y lo samplea. Además de cantar, con la otra mano maneja frecuencias y tiene varios teclados.
Enfrente suya, Pau, tiene un par de metros de pedales varios que dan personalidad a su guitarra y graban capas y capas de trompetas. Encima de un altavoz, tiene una mesa de mezclas y un sampleador también. Canciones con muchas capas como una cebolla
En medio de una canción se bajan al público. Una maraca acaba en mis pies y ni me doy cuenta. Se entregan y alegran con sus guasas. Piden a alguien que suba a hacer bases de beatbox. Y claro, estando el crack de Aarón de los Perro, pues claro, el show está asegurado sacando el “assufre”.
El “Lololoismo”, es más que título. Es la actitud. “Lo que digas da lo mismo”. Una puta oda al free jazz, dentro del rock más alternativo y deconstruido. Su nuevo trabajo es el quinto de su ya contrastada andadura en esto. También está autoeditado y fabricado por su propio sello: Gandula.
Lo cierto es que este “Loloismo” es muy bueno. Aun más hooliganesco si cabe. Y mira que los anteriores ya tienen rufianería e irreverencias sonoras a capazos. Algunas canciones instrumentales. Pero letras más largas que en el resto de álbumes. Estribillos de estadio como el que da nombre al disco. Partes rapeadas. Incluso una baladita llamada “Sancha”. Como si ya no tuvieran que hablar antes de componer. Como si la conexión entre el dúo fuera instantánea y simultánea. Es mirarse y ¡Blam!, temazo.
Por encima de todo, los directos de los catalanes, son diversión. Nunca se sabe cuánto hay de improvisación en sus, por otra parte, estudiados y calibrados temas. Aun siendo esto una posible contradicción.
¿Pero sabéis que es lo más grande? Que nunca nada ni nadie va a sonar como Za¡ ni como CaboSanRoque. Y eso es muy importante. Están a la vanguardia. Son la avanzadilla del sonido futuro. Hacer algo único es genial en los tiempos de copias en los que estamos. Deben sentirse genialmente…
Fotografias: Romu López




