Tributo a The Blues Brothers


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El pregonero da el pistoletazo de salida a la feria de Murcia. Como en toda buena fiesta que se precie el ayuntamiento suele invitar a un conjunto a tocar al pueblo. La estrategia comercial, al tratarse de una gran urbe, es algo más elaborada. No puede ser una verbena en un camión. Con la de gastos que evita eso. Un buen publicista diría “algo que deban desear”. En Murcia decimos, algo que nos dé mucha pasta sin importar la calidad. Llamémosle The “Original” Blues Brothers Band.

Ansiedad. Eso es lo que se siente al enfrentarse a un evento de altura. Libídine. Es la que se manifiesta cuando un amante por fin ve a Belushi menear sus tobillos. Cuando ambos se juntan nada más se piensa. Ni tan siquiera los 30€ que se gastó al entrar a este concierto. Se gana un mal rato y una corrida con un peligro sustancialmente menor que al entrar a un prostíbulo. Pero claro, uno entra ansioso y cachondo y espera bailar más de hora y media. Si lo tiene claro se esfuerza y lo hace. Si le incitan se deja llevar.

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Anoche en el parque del fofó le sobró el blues a los brothers. Plagada de nuevas caras The Original Blues Brothers band es una banda tributo a una banda tributo. Los tres cantantes y showmans, aunque se mueven y tratan de mantener vivo al público, son una caricatura. Un producto comercial que adolece de imaginación y agallas. Hasta Steve Cropper sintió un vahído nada más empezar. No sé muy bien por qué ni me lo explico, pero las gafas de sol, el traje y los sombreros al parecer son suficientes. Paso a paso, la imitación puede llegar a ser ridícula. Sin gracia ni energía hasta se asemeja a un espectáculo de verbena.

Entro a los servicios. No hay percheros donde colgar el sombrero. Los imitadores que salen en todos los conciertos van a tener un problema de modales. Oigo una voz exaltada por detrás. Un tipo se planta a mi izquierda a miccionar. No para de mirar a mi urinario. Sonríe y hace comentarios sobre lo buenos que son los jodíos  y vaya chorro de música que están echando. Pura técnica. Suenan como si llevaran tocando toda la vida juntos. A este hombre todo le parece increíble y a juzgar por cómo baila el público éstos coinciden plenamente con él.

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Hay que ser justos. Cuando a John “Smokin” Tropea le ceden el mando de la guitarra suena verdadero blues. Y esa armónica que le sigue redondea un tema o dos. El resto es bailoteo y fiesta. Eso es un logro inapelable. Aunque al blues hay que pedirle algo más visceral, algo más puro, un atropello menos interesado. Hay que pedirles que o cambien la intención, o la propuesta, o se reiventen, o que dejen de tocar. Los tributos de los tributos. Eso ya roza lo inmoral.

Antes de ellos tocaron Los Marañones. Unos teloneros más que correctos.

Fotografías por Mario Cayuela

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