Walter White estaba equivocado al decir que él era el peligro. Las series. Sí. Ellas son el auténtico peligro.
Todo empezó con The Newsroom. Un día cualquiera, me aventuré a sumergirme en esta trama escrita por Aaron Sorkin y protagonizada por actores que no me resultaban muy familiares. Diálogos frenéticos, algo característico de Sorkin e influenciados por Howard Hawks y Charles Lederer. Por otro lado, noticias reales que supusieron un gran impacto para la sociedad estadounidense. Me enamoré de Jeff Daniels, olvidando que también es un personaje en Dos tontos muy tontos. Me enamoré de Olivia Munn y de la fuerza que encarna su rol a medida que avanzan las temporadas; y de Sam Waterston por ser el hombre más honesto de la cadena, la ACN. Caí rendida a los pies de Emily Mortimer porque, ¿quién no alucina con MacKenzie McHale? Me enamoré de cada personaje y de que se le diera más protagonismo al periodismo, aun siendo ficticio, que a las relaciones personales en la mayoría de los casos.
Tres temporadas con distinta intensidad y conversaciones imprescindibles en las dos primeras. Valores como la lealtad, la profesionalidad y el ser fiel a nuestros principios se tienen en cuenta en todo el trascurso de la historia. Así lo vemos en el tercer capítulo de la primera temporada mientras Will McAvoy habla sobre su medio, respecto a los otros:
“Seremos campeones de los hechos y enemigos mortales de las insinuaciones, la especulación, la hipérbole y las tonterías. No somos mozos en un restaurante sirviendo las noticias que pidieron preparadas como les gustan ni somos ordenadores que dan los hechos nada más porque las noticias solo sirven en el contexto de la humanidad”
Todos conocemos el vacío que dejan algunas series tras acabarlas y así ocurrió con The Newsroom, sin querer hablar del que deja Friends, eso sí que es duro. Siguiendo con el tema, he de decir que llevaba a la vez las últimas temporadas en antena de series como New Girl, The Big Bang Theory o Modern Family, entre otras. Sí, todo sitcoms, rápidas y entretenidas de ver, risas con tan solo 20 minutos de tu tiempo. Desde el primer momento las recomendaba a todo el mundo y a día de hoy, lo sigo haciendo. Una vez terminadas, me encontraba dudosa a la hora de elegir otra serie que pudiese cumplir las expectativas del momento. Y lo hice, decidí.
El verdadero dilema viene ahora: Breaking Bad. Me pasé todo primero de carrera oyendo hablar de ella, que si era la mejor ficción televisiva de todos los tiempos, que si el uso de product placement por el Dodge Challenger usado por Walter Jr que aparece también en la serie The Walking Dead. Lo más escuchado: ‘cuidado con los spoilers’ para quien no la hubiese visto. Pues sí, yo era una de esas pocas personas que no la veía, ni tenía interés en ese momento. Sin embargo, un tiempo después, me sorprendo a mí misma diciendo que por fin la vi, y que he tardado dos semanas en hacerlo.
No es la mejor serie del mundo, pero, algo tiene que tener para que no puedas dejar de ver un capítulo tras otro. Será Bryan Cranston o será Aaron Paul, será la increíble creación de Vince Gilligan en sí o quizá el drama montado a través de la familia, el tráfico de drogas y el cáncer de W.White. Sin duda, son los detalles los que la hacen tan perfecta, la cercanía de los personajes principales, las escenas que se te clavan en la memoria y la intriga que provoca que haya distintos cabos que atar cada temporada.
¿Qué será lo próximo? The Leftlovers, Mr.Robot, The Mindy Project… hay infinidad de opciones entre las que escoger, un montón de finales que vivir y más vacíos que volver a ocupar. Lo que sí sé con certeza, es que no querréis que esa sensación acabe nunca.



