La siguiente es una obra de ficción, cualquier parecido con algún personaje vivo o muerto es mera coincidencia.
Especialmente tú Jenny Beckman.
Perra.
Supongo que quisimos querernos demasiado, y al final dejamos de querernos. O al menos creo que es lo que nos pasó y lo que suele pasar siempre. Por más especial o complejo que creas ser, uno se cansa de escuchar la frase “no lo entiendes, esto es distinto” (cuando sale de tu boca más todavía). Todas las rupturas son iguales, con un matiz allá y otro acá, pero iguales en esencia. Tanto dolor, tanto drama y tanta historia para que al final se convierta en una experiencia intensa y, lo más curioso, divertidísima. Sólo un requisito indispensable antes de que sigas leyendo: esto sólo se corresponde con la realidad si te han roto el corazón a ti. Al revés no vale.
Además de divertida, es una experiencia inspiradora, de hecho puede que excesivamente inspiradora. Dicen que cuando te enamoras lo ves todo de un color más intenso, pero cuando te rompen el corazón todo es más negro, que es el color más bonito. Qué más da, sigue siendo distinto a la rutina machacante. Te sientes tan, tan, taaan identificado con las canciones tristes que las cantas desgarrado en tu coche, que llevas sin lavar ya un mes porque estás triste (si ya, claro que sí) y que no tiene los cristales tintados aunque parezcas empeñado en fingir que sí. Si estás pasando en estos instantes por esto, enhorabuena, te lo vas a pasar estupendamente mal. Si ya lo has pasado, toca reírse, y mejor con cine.
«Primos« por ejemplo, cine español sincero, del que no se complica ni tampoco se va por las ramas pero a la vez es inteligente, me enseñó lo divertido que es hacer el ridículo. Si te rompen el corazón y no haces el ridículo, es que en realidad no tenías un corazón que romper. Pero lo más importante: habla de los tópicos que se dan en las rupturas, tópicos absurdamente certeros. Como por ejemplo lo fácil que es enamorarte justo cuando crees que te has desenamorado pero en realidad sigues absurdamente enamorado. Sí, existen ese tipo de hombres (y de mujeres), en Primos se ve perfectamente cuando Quim Gutierrez le dice “te quiero” a Inma Cuesta apenas uno días después de su no-boda.
Quiero plantearos una teoría que no comprendo muy bien, yo lo llamo “la exnovia cachonda”. Vamos a ponernos en situación: cuatro de la tarde, todo va como siempre, vais al cine sin muchos ánimos porque estáis hasta los cojones el uno del otro. Os montáis en un ascensor y entonces tú dices “¿has visto a esa pareja? Si quieren dejarlo que lo hagan, pero es mucho mejor que pelearse de esa forma”, ella no te responde. Tú la miras sospechoso, pero te callas durante unos minutos. Hasta que explotas.
“¿Hola? ¿Me has escuchado?”. Ella te mira, triste, pero no triste como siempre, sino con un matiz difícil de explicar. Te dice “tenemos que hablar…” Entonces se abre el ascensor y tú te aguantas las lágrimas, porque lo que es orgullo pues te queda poco o nada. Todo normal hasta ahí. Hasta que te das cuenta de que la has traído en tu coche y tienes que llevarla de vuelta. Comienza entonces el viaje más largo de tu santa vida. Para rematarte, y nunca mejor dicho, suena “Funeral” de Zahara justo cuando llegas a su casa y te pide un último beso. “Ahora es la mía”- piensas mientras te niegas- “que se joda ¡JAJAJAJA…jaja…ja…dios quiero morirme”. Pues bien, veinte minutos después quieres volver a follártela, y no me preguntéis por qué, pero es un hecho empírico. Consejo personal: será mejor que lo olvidéis y os pongáis Primos.
El caso es que Primos comienza con una escena perfecta (que si no habéis visto tenéis que ver AHORA MISMO) en el que Diego suelta un rollazo impresionante que, más o menos, todos habremos soltado alguna vez. Y el muy primo cuenta su historia intentando justificar por qué la prometida es una auténtica arpía. Nos encanta contar la misma historia una, y otra, y otra, y otra vez hasta que nuestros amigos nos digan “supéralo”.
https://www.youtube.com/watch?v=E94Hv_6vz_s
Resulta que cuando te dejan, tu ex suele superarlo mucho más rápido que tú y con un tío mucho más guapo que tú. Siempre es más guapo que tú, infinitamente más guapo que tú. Malditos cabrones, suben fotos de ellos en el campo, ¡en el campo! Está Hitler y luego ella. Si pudieses lanzarías un misil nuclear sobre sus cabezas. ¿Me estoy pasando? Bueno, aquí entramos en los dos tipos de personas que existen en este planeta: los que guardan rencor a sus parejas y los que no.
Los que sí siempre dicen que no le tienen rencor, además suenan tan convincentes como esto: “será hija de puta, ¿pues no que va y se pone una foto de perfil en la playa con un maromo de dos metros, y solo hace diez años que lo dejamos? Eh, pero que no le guardo rencor, a mí ya ves tú…”. Claro, tu amigo no tiene más remedio que tratarte como a un loco, asentir sin saber cómo decirte que estás desquiciado y rezar para que no le claves un cuchillo en el tórax.
Luego están los que no guardáis rencor, que me dais tanta rabia que ni hablaré de vosotros.
En Primos se daba otro fenómeno bastante curioso, la repentina obsesión con hacer cosas nuevas. Que te quieres comer el mundo dices, que todo te hace ilusión. Y como Quim Gutierrez tiene el encantador defecto de hablar muy rápido, de forma atropellada, pues le viene como anillo al dedo. Siempre nos pasa lo mismo, nos apuntamos a kárate, a macramé y hasta a alocoholicos anónimos. Un mes después se te pasa la tontería y vuelves a quedarte en casa a ver «Mi perro tiene un blog«. No te hace gracia pero te has visto todos los episodios. Te preguntas qué estás haciendo con tu vida.
A mitad de Primos también se plantea la situación inevitable: el reencuentro con la ex. Todo esto es muy gracioso, sí, sobre todo cuando te pones chulo y le vacilas. Desde dentro crees ser el puto amo, desde fuera eres lo más patético que ha parido padre. Pero qué cojones te importa lo que se ve desde fuera, con lo molona que es la nueva ropa que te has comprado (una santa horterada que vas a querer quemar en cuanto vuelvas a ser normal). La cosa cambia cuando va a tu facultad, a tu clase, a tu trabajo. Eso no es una ruptura, es una putada señores.
Lo bueno es que es una situación ideal para normalizar el asunto, lo malo es que no lo consigas. Lo bueno es que disfrutarás de las canciones tristes mucho más tiempo, lo malo es que te volverás tarumba. Lo bueno es que podrás verla todos los días, lo malo es que eso no es bueno. Pero te encanta, pero no. Pero sí. Pero no lo sabes.
Supongo que llegados a este punto estaremos de acuerdo en que esto es divertidísimo. Y si lo hemos hecho bien, habremos pasado del bando del rencor al bando del no rencor, o al bando secreto del no rencor falso (le guardas rencor pero finges que no hasta el último día de tu vida).
Oye, que todo esto no lo digo por nada, que yo no le guardo rencor, que no me importa. A mí ya ves tú. Pues no faltaba más. No me importa nada de nada. Vamos, cero. Por mí como si una onda expansiva la desintegra. O sea que no quiero que pase, que digo que me da igual que pase. Quiero decir que si pasa no mola tampoco.
Que me lio, que lo que debes hacer es responder a todo como lo hace Bachi: con un “Correcto”. Y alegra esa cara, porque encima vas a salir ganando con el cambio. En el fondo echo de menos lo divertido que es que te rompan el corazón.







Jaja no creo que la vea, pero has hecho un artículo muy entretenido. Espero que la serie esté a la altura
Jajaja me ha encantado el artículo!! Casi tanto como la peli!