Miguel Rivera en La Yesería: Poesia y canciones a un metro

Noche especial es aquella en la que uno de los mejores guitarristas y mejor letrista de la historia más reciente del pop en español tocan en un formato más intimo. Si se puede ver a escasos metros, mejor. Además te dan algo para picar, estás entre amigos, toca tu canción favorita y se sienta a tocar a tu lado. Pues esto es lo que ocurrió cuando fui a ver a Miguel Rivera, cantante de Maga, en solitario en La Yeseria dentro del ciclo festivalero Microsonidos de 2014.

Y es que tras la presentación con Maga de su álbum de 2011 “Satie contra Godzilla” y la gira posterior de rigor para presentar el disco, el grupo el grupo ha seguido también con otros proyectos. Miguel tocó con una banda de tributos variados y curiosos con colegas de Sevilla. Luego, el cuarteto sevillano formado por el propio Miguel Rivera, Javier Vega, Pablo Cabra y César Díaz, hicieron una gira conjunta con The New Raemon en la que interpretaban canciones del propio Ramón Rodríguez y de los de Sevilla. Las canciones que toca Miguel en solitario de Maga pueden sonar de dos maneras: o bien tal y como fueron concebidas al ser escritas o una vez retocadas con los arreglos de la banda.

Nada mas entrar en el céntrico local de las Tascas, ya saludo a algún compañero y a unos cuantos amigos, veo a músicos muy conocidos de la escena murciana y hay mucho público a pesar de ser solo las nueve y media de la noche, ¿la razón de la tempranera y buena asistencia? La cena fría que dio la organización y el buen ambiente que se respiraba. Teníamos unas ganas considerables, a pesar de haber visto a Maga no hace mucho por 12&Medio.

De repente todo el local irrumpe en aplausos y de detrás de la barra sale Miguel con vaqueros y pantalones negros, camisa de lunares también negra y con su Gibson les paul totalmente negra. Como si del enviado de la poesía se tratase. A partir de aquí se crea un dialogo entre artista y público, se entabla una peculiar conversación en la que intervienen canciones, anécdotas y aplausos. Miguel ya era cocinero antes que fraile, y sabe como meterse al público de sus conciertos en el bolsillo nada más empezar, por ello comenzó el concierto con un tema de los que mas enamoran: “Diecinueve”. Para entrar en calor nos pregunta si vamos a querer un concierto movidito o más tranquilito: “No os vayáis a dormir después de la cenita eh”.

Entre las canciones va explicando de dónde saca la inspiración. Aunque viva en Sevilla, el mar de Cádiz siempre ha sido una gran fuente de canciones y toca “Último mar”. Dedica una canción que compuso para su futuro hijo, “Celesta”, y cuenta que todos sus amigos tiene hijos pero él aún no. “No quería hacerle una canción de dos más dos son cuatro, sino algo mejor”. Y lo consigue, vaya que sí lo consigue:

“Con esos ojitos me haría un paraguas,
que no me lloviera mas que tus miradas
mientras duermas sola en tu cama rala,
que no me despierten sino tus mañanas…”

Su guitarra le juega una mala pasada y se desconecta justo al final,  no será la primera vez que su cable le falle durante el concierto. Pero se resarce sin demora tocando “De Memoria” y “Hagamos Cuentas” del último disco. En “Sal Y Otras Historias”, vuelve el mar y para despertarnos pide unas palmas al público, pero estamos tan ensimismados viéndole tocar, o por que somos un poco torpes, o por la digestión, que nos cuesta un poco ayudarle. A partir de ahí va intercalando tanto temas de hace 15 años como de años mas recientes. Así llega “Despide”, primer tema que compuso con Maga y al que tiene un cariño especial.

En algunos temas empieza cantando entre el público y acaba con el micro al revés. Nos tiene embobados. Él va excusándose de vez en cuando que no recuerda alguna letra o que se requieren acordes de mano de rata como él dice. Cuenta que en la pasada nochebuena, estaba cenando cuando le asaltó la noticia de que Germán Coppini había fallecido, se puso triste y decidió regalarle una canción de las suyas: “No Mires A Los Ojos De La Gente”.

Otra vez la guitarra le juega una mala pasada y le da una patada a la pandereta, que fue la culpable. Nos da igual, con tal de que suenen perfectas sus canciones. Se va un par de minutos y vuelve para cantar «Medusa» e «Intentos de color». La poesía se va llegando a su fin y canta el ojo de espejo.

La sorpresa gorda de la noche aún tenía que llegar: “Suelo a veces cantar una de Danza Invisible que se llama sin aliento y se de algunos que también la tocan…Oye, el cantante ese famoso que hay en la sala, si tú. Sube» dijo señalando a Sean Frutos de Second. Pero Sean se hacia de rogar y todos los asistentes le animaron. Antes de empezar aclara que no se sabe el tono, ni se acuerda bien de la letra. Pero el caso es que, como musicazos que son, se marcan una versión más que curiosa en la que intercambian estrofas mutuamente y Sean reafirma porque tiene una de las mejores voces de todas en este país al margen de estilos y géneros.

Genial noche en gran compañía y con un gran artista. Aunque venga otra vez el año que viene habrá que ir a verlo de nuevo. Espero que venga porque el público le trató genial. La poesía, la cena y Miguel, se alinearon para crear una velada perfecta.

Fotografía Ángel Calvo Botella

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