Las mejores escenas de la historia (XIV): “¡Corre!”

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El cine de Takeshi Kitano puede resumirse en esencias. Desde el cine de Ozu pasando por el cine de yakuzas de los años cincuenta y sesenta, el ex presentador de “Humor Amarillo” supo desde su primer largometraje (la casi impuesta “Violent Cop”) que su forma de entender (y mirar) el mundo debía tanto a los maestros de su tierra como a cineastas occidentales, y que no podía resumirse en “género de hostias”, así, sin más. Su particularísima manera de entender el mundo (nihilista, que no pesimista) le abrió fronteras (ese merecido premio a “Hana Bi» en el Festival de Cannes) al mismo tiempo que le cerró muchas otras (en España, sin ir más lejos, el sello Manga Films lo clasificó en los noventa como “La respuesta nipona a Clint Eastwood”)

De repente, el bueno de Takeshi era clasificado como “el tío que da leches y apenas habla”. Pero Kitano ha sido siempre mucho más (desde la importancia cultural de “Humor Amarillo” hasta el infinito, vamos) En el fondo, Kitano (o Beat Takeshi, cuando hace las funciones de actor) ha estado siempre luchando por hacer la película que sus fans no esperaban (para bien y para mal de muchos)

Por ejemplo, el sonido de los puñetazos y disparos en “Brother” es demoledor, además de reconfigurar todos y cada de los patrones del cine de mafia de Hollywood (no por nada Jordi Costa llamó a esta película “el particular Pearl Harbor de Kitano”) Pero quizás la gente olvida que “Brother”, como su nombre indica, va de la alianza entre americanos y japoneses, entre lazos de sangre (implícita) y que su final, por pesimista, no es menos lírico.

Escoger cualquier perla del cine de Kitano resulta imposible (sus imágenes del mar, sus escenas de amor, sus conexiones con el pasado de su país, etc.) Sin embargo, nos quedamos con esa pequeña gran obra que es “El verano de Kikujiro”. Mientras la gente habla ahora de postmodernismo de la mano de directores como Wes Anderson o Roman Coppola, ahí estaba Kitano, reinventándose (por quinta vez).

Además, ver a Kitano corriendo siempre es un gran espectáculo que debería estar en cualquier lista. Es hipnótico.

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