
El otro día hablaba con Jam y Santos que comentaban que España está fuera de los circuitos internacionales. Hace unos días, Perro comentaban que gracias a que Murcia está un poco en el culo del mundo eso les ha ayudado a no estar influidos por lo convencional. Si una sala decide traer bandas internacionales a esta pequeña ciudad, siempre es de agradecer. Así que me fui a la 12&Medio con muchas ganas de rock. En una noche con tres grupos de la misma familia, pero diferentes, como The Chevelles, The Volcanics y Cowboy Lovers, pueden pasar muchas cosas. Al fin y al cabo, parece imposible que de un solo género puedan salir 3 bandas tan cercanas y tan alejadas.

Empiezan tocando los Cowboy Lovers. Son de Elche. Son un dúo. Tienen Rabia. Son auténticos. Y están dispuestos a patearte el trasero. Son eminentemente instrumentales y las canciones que tienen letra, éstas son cortas y cantadas por ambos. Coquetean con Black Sabbath y el stoner de Fu Manchu. Son una versión rockera, salvaje y desbocada de los White Stripes. Al subir al escenario, empiezan calentando tambores y distorsiones antes de ponerse en faena con “Locomotora”. Mientras que el batería lleva una camiseta de Hüsker Dü que le dura apenas tres canciones puesta, el guitarrista va de negro completamente y sujeta una guitarra Teisco vintage retocada.
En los parones de “X Blues” todos aplaudimos sin saber que aún quedaba canción, interrumpiéndoles. Pero nos cortan los aplausos y los gritos de ánimo a base de una descarga tras otra. Parece que se dan el uno al otro una lección de riffs y de ritmos continua. Aunque prima el desarrollo musical de larga duración, también hacen canciones de minuto y medio como “Bones”. Para acabar, conforme se despiden y dan las gracias, tocan dos pildorazos mas acelerados, como “Poor Lord” y “Acid Queen”, en la cual también se quedan con nosotros por los silencios. Yo me quedo con “J” y su sonido brutal.
Grupazo con gran sonido, actitud y aptitud para crecer y hacerse con un nombre importante. Dúo muy a tener en cuenta que promete sacar en 2014 nuevo material.

Tras unos minutos suben The Volcanics. Es el nombre perfecto para ellos. Son como magma. Fuego, humo, lava y azufre saliendo del centro de la Tierra. Vienen a presentar su segundo álbum. Tienen muchos menos años de experiencia que sus compañeros de gira. Nacieron en 2010. Están a caballo entre el sonido de The Stooges y el de sus paisanos AC/DC. Una especie de Airbourne pero sin el aura comercial, facilona y repetitiva de sus también compatriotas. El batería, Alex, tiene cara de concentración como si estuviera manejando una excavadora. O en realidad lo está haciendo. El bajista, Pete, tiene pinta de vikingo, de esos que comen sandÍas por los sobacos y cuando da puñetazos a su instrumento da miedo.
El cantante, Jhonny, lleva una camiseta de Bowie. En un tema mete la cabeza dentro del bombo de Alex. A lo largo del concierto su mente va y viene. Esta levitando. A lo largo de su bolo, sube y baja del camerino. Algo le reclamaba arriba. Pone las manos entrecruzadas o agarra el micro como exprimiéndolo. Mientras, el que manejaba el cotarro en los Volcanics es Tommy. Es el director y el que lleva el volante de esta máquina apisonadora que huele a alquitrán y a escupitajo de tabaco y wiski. Tocan 12 temas uno tras otro sin descanso apenas. Acabo de ver en el bandcamp de The Volcanics sus influencias. He acertado al 100% aunque ellos añaden MC5.

Con “What I Found” y “Do It” empiezan muy fuertes, por lo que en “Lost In Pride”, en “Tell Me” y en “Move On” bajan un peldaño sus revoluciones. En “Get Sold” vuelven a sacar la velocidad y la potencia de un camión de carreras y todo el público ayudamos en los coros. Los solos de guitarra acaban haciéndole un corte a Tommy dejando la pastilla de su Jaguar moteada de rojo sangre. Madre mía, que potencia tienen estos tipos.
Para rematar el crimen con alevosía, tocan “Baby Soul” y el melocotonazo de puro punk “Hold It Down”, “No escuchas lo que dices” grita Phautoros.

Se hace la calma y ponen rock suavecito de los sesenta para contrarrestar los tímpanos de los presentes. Y saltan The Chevelles, que se toman su tiempo en ajustar y calibrar el equipo. En esta misma sala ya habían tocado algunos años atrás. Además hace justo diez años, en marzo de 2004, tocaban el viejo Garaje de la Tía María. La causa de su desgana al tocar puede venir de que llevan muchos años viniendo y que están algo mayores. Además venían de tocar en el monumental South By South West en Austin, Tejas, con el consecuente cansancio que conlleva.
Pero tienen ganas de fiesta y disfrutan tocando. Son mas surferos, melódicos y suaves que sus teloneros. Más power pop vitaminado que rock garagero. El problema llegaría con los innumerables e interminables parones. No solo son lentos afinando. Si no que tardan una eternidad en empezar las canciones.
Empiezan alegres y con muchas ganas. Tocan “Get It On”, “Cmon Everybody” y “Stasy Loves Cocaine” Duane y Adrian se intercalan las voces. Pero en la sexta canción se rompe la primera cuerda de la noche a cargo del cantante. A partir de este punto van perdiendo fuelle poco a poco, pero no pierden la sonrisa ni el carisma. Para esperar la reparación, se marcan una improvisación instumental. Intentan remontar con “Zaragoza”. Las letras no son muy complicadas precisamente, por lo que siempre hay algún adepto que se la sabe y esto les ayuda a venirse arriba.

El tren sigue y cuando quiere alcanzar velocidad la guitarra del solista Adrian se rompe al final de un tema. También su pedalera empieza a fallar y a acoplarse por los cuatros y eso que no es muy grande. Pete y Tommy de The Volcanics se acercan a ayudarle. El parón dura varios minutos. Aun así el público aplaude y les grita casi sin parar al terminar cada canción. “Sois el mejor público que hemos tenido en España nunca” dice Duane.
Se intentan ganar nuestro favor con melodías, pero los temas de rock gustan más. “Show me your love” y sus pegadizos coros es una muestra de la mezcla de sonidos de estos australianos. Tanto los asistentes como los músicos llevamos un rato sudando a pesar del aire acondicionado, pero el humo artificial está subiendo los grados.

Tocan más clásicos, pero rompen otra cuerda. En este caso coge la guitarra del de los Cowboy Lovers. El batería alicantino me comenta que deben llevar una afinación muy tensa. Un espectador, algo indignado y con un cubata de más se indigna y les guita” ¡!Venga hombre¡¡”. El resto esperamos con paciencia
“Esto siempre fue garaje, chicos” responde el bajista, Jeff. Empiezan una canción de surf instrumental para esperar a la nueva cuerda. Cuando se acaban, el batería nos hace unas fotos para el Facebook.
Ellos son conscientes de sus errores y no abusan del paripé de los bises, en apenas un minuto vuelven a bajar. Y tocan dos temas. Están cansados y se despiden de los adeptos de las primeras filas. Luego bajaran para catar los cubatas.
Cuando un grupo no está al 100 % surgen inconvenientes y problemas. Y es que cuando no eres detallista a la hora de tocar en un escenario, la dejadez puede pasar factura. Que puedes hacerlo bien. Vale. Pero la desgana a veces es imperdonable. Son casi las 3 y cuando salgo decido buscar a mis amigos. No hay ningún chino y no puedo comprar cerveza. Mierda. Todo sea por haberme inyectado varios kilos de rock a trompicones.



