
El 25 de Mayo no cabía un alma en la Sala B. La Raíz, joven banda cuyo estilo musical es una mezcla de rap, reggae, ska, rock y punk, venían de agotar entradas en Alicante y en Murcia estuvieron muy cerca de marcar el mismo tanto: se agotaron las que quedaban en taquilla y alguno que otro se quedó en la calle. Venían a presentar su último disco “Así en el cielo como en la selva”, un trabajo maduro y minucioso que los ha colocado en la primera línea de bandas de rock de este país y los ha convertido en una pieza fundamental en los carteles de los festivales patrios.
A las doce menos veinte aparecieron en el escenario, entre los aplausos de las trescientas personas que agotábamos el aire de la Sala B, y se arrancaron con “Jilgueros” y pusieron a toda la peña a saltar. Y durante la aproximadamente hora y media que estuvieron tocando eso no cambió. Personalmente hacía tiempo que no veía, además de una sala tan llena, a un público tan entregado con una banda relativamente joven de este estilo. Pero supongo que de vez en cuando el trabajo, el esfuerzo y, por supuesto, el talento siguen consiguiendo llenar salas y hacer vibrar incluso los cimientos.
El repertorio estuvo compuesto esencialmente de canciones de su último disco, que fueron las más cantadas y celebradas; hecho que demuestra la importancia que ha tenido dicho álbum en la trayectoria reciente del grupo. Así, entre saltos, jadeos, bailes y portentosas ollas (llegaron a organizarse walls of death) fuimos disfrutando de casi todos los temas de “Así en el cielo…”: “Al otro lado”, “Nuestra nación”, “Parece mentira”, “Donde duerme el chamán”, “Elegiré”, “A la sombra de la sierra”, “Llueve en semana santa”, “Borracha y callejera”, “Solo quiero de ti”… Sonaron tanto o más potentes que en su versión de estudio. Por supuesto, no todos los temas que cayeron aquella noche fueron del último disco, estratégicamente situadas entre el resto de canciones sonaron temas de sus anteriores álbumes como “El tren huracán”, “La voz del pueblo”, “Noches en babylon” o su ya casi himno “El lado de los rebeldes”.
Si algún defecto se le pudo encontrar al concierto fue quizás su corta duración, que llegó apuradamente a la hora y media. Dicen que lo bueno si breve dos veces bueno, pero los conciertos, que es de lo que fundamentalmente viven los músicos hoy día, deben tener una duración que deje al público satisfecho: sin empacharlo pero tampoco quedándose corto. No es que no quedásemos satisfechos con el concierto, la gente salió bastante agradecida del concierto, pero media hora más de concierto tampoco nos hubiese molestado.
Daniel Sánchez Parra


