La Pobrecita y Rambla de Las Matildes, camino de ser bienes catalogados por su valor cultural

La Consejería de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes ha iniciado el procedimiento para declarar Bien Catalogado los conjuntos mineros de La Pobrecita, en el Estrecho de San Ginés, y de la Rambla de Las Matildes, en Cartagena. Ambas instalaciones constituyen un ejemplo representativo de las infraestructuras minero-industriales desarrolladas en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión entre finales del siglo XIX y el siglo XX.

El conjunto de La Pobrecita conserva elementos esenciales de la actividad minera tradicional. Entre ellos destacan el pozo maestro, la casa de máquinas y el antiguo pivote de malacate, que permiten entender cómo funcionaban las explotaciones y su evolución desde los sistemas manuales o de tracción animal hasta la mecanización. Se trata de uno de los escasos enclaves donde conviven huellas materiales de ambas fases tecnológicas, lo que le confiere un carácter singular y de gran valor cultural. La autenticidad del lugar se constata a través de restos como el forro del pozo, los anclajes del malacate, cimentaciones de maquinaria y testimonios orales que documentan su uso desde el siglo XIX.

Por su parte, el conjunto minero de la Rambla de Las Matildes integra la Fundición Dos Hermanos, el castillete y casa de máquinas de la Mina San Sebastián y el castillete y casa de máquinas de la Mina El Cielo. Constituye un ejemplo de arquitectura minera funcional, con espacios destinados a la fundición, el tratamiento y el almacenamiento del mineral. Entre los elementos conservados figuran hornos de calcinación, galerías de condensación, naves de fundición, un lavadero de flotación diferencial, además de castilletes, casas de máquinas, balsas y estructuras auxiliares que permiten interpretar las distintas fases de la actividad extractiva e industrial.

Ambos conjuntos son considerados ejemplos de la arquitectura industrial minera, en los que se refleja el uso de materiales y soluciones técnicas propias de la época y adaptadas a la Sierra Minera. Su conservación supone mantener viva la memoria de una forma de vida desaparecida y preservar un patrimonio que forma parte de la identidad cultural de la zona.

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