Grises en Sala REM: “Al baile, por la autovía.”

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Se llama la carretera N1. La carretera de doble carril que atraviesa de sur a norte Guipúzcoa, hasta llegar a Donostia desde el puerto de Etxegárate, es genial. Es un tramo de autovía que se construyó entre valles y que acaricia por el lado todos los pueblecitos. Pasa junto a los ríos Oria y Urumea. Y por todas las fábricas y las colinas de pastos de la provincia. Es sinuoso y divertido para conducir o simplemente ver los paisajes. Túneles, curvas cerradas o cambios de rasante bruscos en comparación con las carreteras de Castilla. Algunos grupos de pop se parecen a este recorrido. Como por ejemplo el grupo que nos ocupa. Los vascos Grises van pisando el acelerador. Conducen fácilmente por la autovía. Y lo demostraron el pasado viernes en la Sala REM.

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Los teloneros fueron los flamantes y recientes ganadores del Creajoven en modalidad pop rock. New Jungle. Buena ejecución. Buenos músicos. Buenas canciones. Buenos riffs y buenas melodías. Pero poca cosa nueva. El cantante me recuerda al tono del de Maximo Park. Indie rock inglés de manual. Similares a los Red Hot Chili Peppers post-Californication o a los Foo Fighters menos grunge. Me gusto más su tema más antiguo. Más duro. El quinteto se sabe desenvolver y parecen veteranos por la actitud. Pero aún tienen poco tiempo y es eso lo que hay que darles. Tiempo para evolucionar y para asentar su sonido.

La sala tiene una entrada muy buena ya para ver a los murcianos, pero mientras Grises van poniendo sus bártulos la REM está casi llena. A esta ciudad le gusta el indie. O cómo leches se llame. Unos 4 teclados repartidos entre los hermanos Gaztañaga y el teclista Alejandro. Eñaut y Amancay llevan las voces cantantes y un teclado cada uno, y él, además, una guitarra. Unos muñequitos de Mars Attack adornan el escenario. La música de esta película de Tim Burton les sirve de entrada.

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Tienen la gran ventaja del idioma. Llegan fácilmente. A la gente le gusta entender lo que dice el tío que tiene micro. Es coherente. Pero a la gente lo que le gusta es saberse las canciones. Y el viernes el público se sabía las letras. Que digo. Al público le gusta cantar. Y el viernes la gente cantó. Y el viernes la gente bailó. Y mucho.

Unas luces de la hostia. Creo que este sería el segundo titular del bolo de Grises. Las luces que colocan detrás de sus cabezas inciden en los ojos de los asistentes. Me dejan cegado. Para imprimir personalidad, el quinteto euskaldun, se auto envuelve en un aura de oscurantismo. Empezando por el nombre. Como queriendo ir al post-rock pero en sentido contrario. Estilo Colón para encontrar la India, que se fue por el lado más largo. Eso les da carácter. El bajo y la batería son los amos de las canciones, y ya después los teclados varios y la guitarra rellenan y engordan las atmosferas.

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El tema de los extraterrestres es recurrente, pero también hay lemas de autoconfianza. Y esto al personal le encanta también. “Pensar que es tu momento, olvídate del resto, luego ya habrá tiempo. Sentir que todo es perfecto, que tú eres tú, tú, solo tú, no hay nadie más”.

Hay quien los compara con Foals pero Grises son mas electrónicos y saltarines. Pero igual de oscuros. Tienen el aroma del baile pop de sus paisanos Delorean y We Are Standart. Rebosan tropicalismo. Tocan a buen ritmo fácilmente unos diez temas y otros dos mas tras los bises, con el público comiendo de su mano. Grises demuestran, gps en mano, que el camino al baile, no siempre es el mas recto. Ni el más luminoso. Pero el cometido final es el de siempre. Hacer disfrutar.

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