
Fue una historia de 42 canciones. Con su inicio, desarrollo y apoteósico final. Con tan buenos temas enredados en la trama principal que no cabría ni un ejemplo más. Un repertorio que mezclaba toda la mierda existencial del hombre, pero sobre todo de la sociedad. Se quedaría sucio decir política, enfermedad, pobreza, o demasiado tonto en la corteza, pero a fin de cuentas lo que destaca es él. El personaje principal se pasea por el escenario como si un dramaturgo Fagin quisiera demostrar que, a pesar de su edad, sabe darle vida a las canciones después de tantos años escribiendo la historia del rock.

Brigi Duque crea un silencio infernal antes de reventar sus baquetas contra los platillos. Loco como definición más justa, inyecta a las canciones la fuerza que no le da otro personaje a la historia. Txus pasea la púa por el puente de la guitarra, dejando punteos fugaces, marcando un estilo diferente en esta etapa de El Drogas, más rock&roll. Flako apoya desde el micro la marchita voz de Enrique mientras hace lo suyo con el bajo, que se le da de puta madre. Llega él y podríamos decir que saca la historia adelante. Sus caras eran parte del set-list, sus canciones son parte de la cultura rockera de este “jodido” país. De barba mal afeitada, con un reguero de arrugas por su rostro y esas rastras que solo Dios sabe cuánto tiempo llevan ahí, Enrique Villarreal da canción tras canción lecciones magistrales de como la edad no afecta a la inspiración, ni a las ganas de sacar los defectos a la estirpe de todopoderosos que se recrean en sus estribillos.

No quiso dejar nada tras 3 horas de concierto, su último disco, de arriba abajo, estaba en el guion. El Drogas sacia la sed de un público acostumbrado a verle en festivales, sin esa potencia que le podía dar una sala.
El Drogas es la esencia de muchas cosas. Es la cara visible de muchas generaciones, el escriba y juglar de las injusticias, el recuerdo de que algo bueno queda todavía pisando los escenarios.
“Nos vamos a ir sin irnos,
buscaremos otros tragos
que nos gusta el desacato
con el sexo humedecido…”
Cada vez van quedando menos cascarrabias como Enrique.



Guapa crónica
me ha gustado un montón