El canto del joven Hermann Hesse

“Había vivido aquellas pocas horas que para él significaban más que todas las alegrías perdidas de la niñez, horas llenas de ambición y entusiasmo y ganas de vencer, en las que se había deseado y soñado en un círculo de seres superiores.” El que reflexiona es Hans Giebenrath, protagonista de la tercera novela de Hermann Hesse, Bajo las ruedas.

Escrita en 1906, Bajo las ruedas es una dura crítica a los sistemas educativos que desarrollan de forma unilateral las capacidades intelectuales de los alumnos y dejan de lado las facultades espirituales y emocionales. Hesse ataca al sistema capitalista antes que nadie. En su época, el sistema era un embrión de lo que hoy conocemos: todavía las personas estaban por encima de la economía. Pero Hesse supo ver que el racionalismo desmedido que encarna la Modernidad no llevaba a ninguna parte. Al menos, no al ser humano.

Hans Giebenrath es un joven que vive en un pueblo de la Selva Negra con su padre. El afán de superación, de ser el mejor cueste lo que cueste,  que le han inculcado sus profesores y su progenitor hacen de él un brillante estudiante. Una vez que aprueba el examen de ingreso, Hans entra a un seminario para “no ser uno más entre aquella gente vulgar y pobretona a la que despreciaba y a la que quería superar decididamente”. Pero allí, Hans conoce a Hermann Heilner, un joven brillante que desprecia la educación que está recibiendo. Heilner encarna el retorno a la naturaleza, a encontrarse a uno mismo, que Hesse ve como única salida al pozo en el que nos estábamos metiendo.  La noción de progreso está cuestionada en cada página de la novela. ¿Progreso hacia qué? Parece preguntarse el autor.

Poco a poco Hans se da cuenta de todo lo que ha perdido. Pero ya es tarde.  Se ha convertido en una víctima del sistema que ha hecho de él un robot capaz de recitar a los griegos de arriba abajo, pero también le ha hecho  un ser frío, escuálido, enfermo. Quizá sea el tratamiento de reinserción social a que es sometido Álex en La Naranja Mecánica (Burgess, 1962) el mejor homenaje que nadie haya hecho a este pasaje de Bajo las ruedas. Pero es El guardián entre el centeno (J.D. Salinger, 1951) la obra que más debe a la tercera novela del autor alemán. Ambas responden a la misma estructura: jóvenes que se ven transformados por un sistema que les termina ahogando.

Hesse escribió después Siddhartha  (1922)  y El lobo estepario (1927), sus obras cumbre. Pero en Bajo las ruedas ya encontramos al gran escritor que recibiría el Nobel en 1946. Su pulso narrativo es ágil. La frialdad con la que narra la historia es estremecedora. Su crudeza es su mayor elaboración.  Después, la generación beat ahondó en ese acercamiento a la naturaleza, al alejamiento de la especialización capitalista que él demandaba.  El movimiento hippy lo ensalzó como su apóstol y Siddhartha se convirtió en una biblia contracultural.

Resulta impactante la vigencia de Bajo las ruedas. Hoy nos sentimos desplazados, no pertenecemos a La Historia, no sentimos ningún vínculo de continuidad con los que vivieron antes que nosotros. Pero esta novela es hoy más necesaria que nunca porque habla de lo que está pasando: los poderes fácticos intentan adoctrinar a individuos que sean de utilidad y que no pregunten demasiado. Ya lo dijo Debord. La sociedad adoctrina  –“educa”- a los individuos para que sean tal y como necesita que sean.

Santos Martínez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *