Calequi y las Panteras: música para bailar la pena y celebrar la vida

Javier Calequi lleva años dedicándose a la música desde distintos frentes: como compositor, productor y multiinstrumentista. T también como guitarrista y director musical de Jorge Drexler.

Calequi y las Panteras, el proyecto que comparte con Lauri Revuelta y Luisa Corral, es un espacio propio en el que dar rienda suelta a una mezcla de influencias que transita entre el funk, el afropop, los ritmos latinos y el pop. Nacido en 2020 a partir de las ganas de volver a tocar en directo, el trío ha construido una identidad difícil de encasillar, con canciones que invitan a bailar sin renunciar a la introspección y los matices.

Este sábado 31 de octubre, Calequi y las Panteras estarán en Garaje Beat Club de Murcia, una oportunidad para descubrir en directo un proyecto que encuentra en el escenario su lugar esencial y entiende la música como un espacio de encuentro, experimentación y celebración.

Hablamos con Javier Calequi sobre la evolución del grupo, la conexión con el público, las diferencias entre las escenas musicales de Argentina y España y una industria en la que el éxito ha dejado de medirse únicamente por la validación externa.

Calequi y las Panteras nació en 2020. ¿Qué os unió musicalmente en aquel momento?
Es muy sencillo, las ganas de tocar, veníamos de estar encerradas, y poder juntarnos para cantar en concierto, nos dió oxígeno, y como además funcionó, la gente vino y vino y volvió a venir, acabamos haciéndolo todas las semanas durante más de un año.

Vuestra música mezcla funk, afropop, ritmos latinos, pop y otras influencias. ¿De dónde nace esa mezcla de estilos y cómo definirías vuestro sonido a alguien que nunca os ha escuchado?
Efectivamente todos esos géneros entran a jugar en nuestro sonido. A cualquier banda le puede costar definir a qué suena, y en nuestro caso, esa fusión que no entra en categorías cerradas, es lo que más nos representa.

¿En qué momento sentisteis que el proyecto empezaba a encontrar su lugar y qué ha cambiado más desde aquellos comienzos?
En ese primer año de conciertos semanales en el Peor para el Sol. Nos dimos cuenta de que la gente conectaba y repetía, y que nosotras también, ya vimos que el potencial estaba ahí. Lo que ha cambiado es la confianza en el directo, el descaro se ha convertido en un arma en el escenaeio y la relación personal entre las tres, que aunque suene manido, es lo más parecido a una familia, para lo bueno y lo malo.

Acabáis de publicar TRES, un trabajo dividido en tres EP de tres canciones cada uno. ¿Cómo surgió esta idea y por qué decidisteis convertir el número tres en el eje de todo el proyecto?
Surgió casi como un juego geométrico y conceptual. Desde lo más obvio, que Nosotros somos tres en el núcleo del proyecto (Javier Calequi, Lauri Revuelta y Luisa Corral) y el número tres empezó a aparecer en todas partes: en las armonías vocales, en la forma en que nos repartimos las decisiones, en el ritmo… Nos dimos cuenta de que el tres representa el equilibrio necesario para que todo funcione.

Dividirlo en tres EP de tres canciones nos permitía darle a cada entrega su propia atmósfera, su propio viaje, sin perder la cohesión del álbum completo. Ha sido un reto precioso construir un triángulo sonoro donde cada lado sostiene al otro.

¿Qué queréis contar de vosotros mismos en este nuevo disco que no habíais contado hasta ahora?
En TRES nos hemos atrevido a explorar contradicciones y los matices del colectivo. Queríamos contar que la mezcla no es solo un recurso estilístico, sino nuestra forma de estar en el mundo. Hay una reafirmación de quiénes somos hoy: un grupo que celebra la vida, pero que también se para a mirar las grietas y las cicatrices con serenidad.

¿Cómo ha cambiado vuestra manera de componer y tomar decisiones al construir este disco entre los tres?
Ha sido un proceso mucho más coral y democrático. Antes, las ideas solían partir de un foco muy claro y luego el grupo las vestía. En TRES, la composición y el desarrollo han sido una conversación continua a tres bandas. Nos conocemos tanto que ya sabemos cuándo ceder, cuándo empujar una idea y cómo sumar las influencias de cada uno. La canción de autor, el pop, el folclore ibérico y latinoamericano, la música tropical, el pop, el funk… Tomar decisiones entre tres exige mucha generosidad y confianza, y este disco refleja precisamente esa complicidad: es un trabajo hecho desde la escucha mutua.

La vuestra es una música que invita a bailar, pero algunas canciones esconden letras más introspectivas, irónicas o melancólicas. ¿Os interesa jugar con ese contraste?
Nos encanta la tradición de la música popular donde el cuerpo baila pero el corazón reflexiona. La cumbia, el candombe o la salsa siempre han tenido esa dualidad: ritmos para mover los pies mientras la letra te está contando una historia de desamor, de nostalgia o de crítica social. Ese contraste entre el ritmo festivo y la letra luminosa o melancólica crea una tensión maravillosa. Queremos bailar la pena y cantarle a la incertidumbre con una sonrisa.

¿Qué buscáis cuando invitáis a otros músicos a formar parte de vuestras canciones y cómo han contribuido las diferentes colaboraciones a ampliar vuestro universo sonoro?
Buscamos afinidad humana, respeto mutuo y verdad. Las colaboraciones son como abrir las ventanas de casa: entra aire fresco, se cruzan sonoridades de distintas latitudes y la canción crece hacia lugares a los que nosotros solos no habríamos llegado. Cada invitado aporta su propia cosmogonía y enriquece nuestra paleta sonora.

¿Qué importancia tiene tocar en vivo en la evolución de Calequi y las Panteras y qué puede descubrir el público en un concierto que no aparece en los discos?
El directo es el verdadero corazón de este proyecto; ahí es donde todo cobra sentido. En el estudio buscas la textura, la filigrana y el detalle, pero en el escenario la música se convierte de verdad en nuestro lugar esencial. En un concierto, el público va a descubrir un show lleno de dinamismo, improvisación, sudor, comunión y mucha frescura. Las canciones del disco respiran distinto en vivo: se extienden, cambian de forma y se contagian de la energía de la gente que está enfrente.

¿Qué os han aportado los viajes y el contacto con públicos diferentes, tanto musicalmente como a la hora de entender vuestro proyecto?
Viajar te despoja de prejuicios y te conecta con la universalidad del ritmo. Tocar en distintos escenarios y países nos ha enseñado que el lenguaje de la emoción y el groove es el mismo en todas partes. Encontrarte con públicos diversos te obliga a ser flexible, a escuchar el entorno y a incorporar sonoridades locales a tu propio bagaje. Nos ha reafirmado en la idea de que la música es un puente transatlántico constante y que nuestro proyecto vive precisamente de ese viaje continuo.

Naciste en Argentina y llevas tiempo desarrollando tu carrera en España. ¿Encuentras muchas diferencias entre ambos países a la hora de trabajar en la música?
Sí, hay diferencias claras en la industria y en la cultura del día a día, pero también una conexión profunda. En Argentina la música se vive con una pasión visceral, casi de trinchera; hay una urgencia y un empuje por hacer las cosas a pesar de las constantes crisis económicas, lo que genera una creatividad enorme. España, por su parte, te ofrece una infraestructura diferente, una apertura hacia Europa y un punto de encuentro multicultural brutal, especialmente Madrid, que es un hervidero creativo. Combinar esa pulsión y melancólica efervescencia rioplatense con la apertura y estructura de la escena española ha sido clave para dar forma a lo que hacemos.

La música es una profesión que implica incertidumbre, viajes y muchas horas de trabajo. ¿Qué haceis para desconectar cuando no estais componiendo, grabando o de gira?
Desconectar requiere mucha intención. Nos ayuda mucho volver a los afectos sencillos, a la tranquilidad de la casa y de la rutina diaria. Para algunos de nosotras, el refugio está en dar un largo paseo sin mucho rumbo, salir hacer recados por el barrio, leer o estar tirada “perdiendo” el tiempo, pero sobretodo pasar tiempo con los nuestros.

¿Qué te sigue emocionando de la música después de tantos años trabajando en ella? ¿Hay algo que todavía te haga sentir como cuando empezabas?
El momento exacto en el que nace una idea en una habitación vacía. Te devuelve directamente a la infancia, a la sorpresa, a ese primer flechazo con un instrumento. La música sigue teniendo la capacidad de hacernos sentir invencibles y vulnerables al mismo tiempo.

¿Qué significa para vosotras tener éxito en la música en este momento de vuestras vidas? ¿Ha cambiado vuestra respuesta respecto a cuando empezasteis?
Ha cambiado por completo. Cuando empiezas, a menudo asocias el éxito con la validación externa Hoy en día, para nosotros el éxito es la libertad: tener la capacidad de hacer la música que realmente queremos hacer, rodeados de la gente que queremos y respetamos, y poder vivir de nuestro oficio manteniendo intacta la honestidad artística.

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