Alex Ferrán lleva prácticamente toda su vida entre instrumentos y escenarios. Empezó a tocar de niño y, con solo 14 años, ya estaba dando conciertos. Desde entonces ha trabajado como músico para otros artistas, una etapa que le ha servido para aprender el oficio desde dentro y que finalmente le llevó a dar el paso de ponerse él mismo al frente de sus propias canciones.
El resultado de ese camino es ‘DEMO’, el primer primer álbum del artista murciano, un trabajo que reúne canciones escritas durante casi una década y que también sirve como reflejo de todo lo vivido en estos años: la salida de Murcia, su llegada a Madrid, las relaciones, los momentos difíciles y también todo lo aprendido por el camino. Un disco hecho en buena parte desde casa y con pocos recursos, pero precisamente por eso muy ligado al momento personal y artístico en el que se encuentra.
Este sábado estará presentando sus canciones en la Sala REM de Murcia. Aprovechamos el momento para hablar con Alex Ferrán sobre sus comienzos, ‘DEMO’, Murcia, Madrid y esa necesidad de seguir encontrando en la música una forma de contar lo que a veces cuesta decir con palabras.
Llevas desde muy pequeño vinculado a la música y desde los 14 años sobre los escenarios. ¿En qué momento sentiste que querías dejar de tocar para otros y empezar a hacerlo bajo tu propio nombre?
A los 18 ya tenía algunas canciones compuestas y sentía que quería mostrarlas, pero no sabía cómo, ya que tampoco pegaba meterlas en las bandas con las que tocaba. Empecé a sentir que necesitaba crear un proyecto aparte, en solitario, para dar cabida a esas letras y melodías.
Has pasado muchos años como músico de sesión y acompañando a otros artistas. ¿Qué has aprendido de esa etapa que ahora aplicas a tu propio proyecto?
Aparte de la parte técnica y de estudio, esa etapa me ha ayudado mucho a crecer profesionalmente. He aprendido a trabajar con más disciplina y a entender todo lo que hay detrás de un proyecto, desde cómo preparar y organizar los ensayos para llegar bien a un directo hasta cómo afrontar la composición, los arreglos y la producción de una canción. Al final, estar tantos años trabajando con otros artistas me ha dado una experiencia que ahora puedo aplicar a mi propio proyecto.
¿Qué fue lo que te empujó en 2020 a empezar a escribir tus propias canciones?
Cuando saqué mi primer EP en 2020 ya llevaba algunos años escribiendo, pero fue entonces cuando empecé a darles forma musical a esas canciones. Desde 2019 tenía muchas ganas de sacar mis primeros temas porque sentía que el tiempo pasaba y que estaba tardando demasiado en hacer lo que realmente quería: cantar mis propias letras y compartirlas con el mundo.
Y pude hacerlo en 2020, en plena pandemia, tristemente. Fue un momento extraño, pero también muy importante para mí.
Dices que “lo que no digo, lo canto”. ¿Qué cosas has encontrado en la música que no conseguías expresar de otra manera?
Creo que muchas experiencias del pasado han ido apareciendo en mis letras casi sin darme cuenta mientras escribía, y eso también tiene algo de terapéutico para mí. Cada vez que las canto siento que me libero. De ahí viene la frase «lo que no digo, lo canto»: todo aquello que me cuesta expresar hablando, lo termino soltando delante de un micro.

¿Te costó asumir el papel de artista y no solamente el de músico?
Para nada. Siempre he sentido que ser artista estaba dentro de mí. Desde que tengo conciencia he querido dedicarme a la música y subirme a un escenario. Una cosa es ser músico y otra tener esa necesidad de expresarte y contar lo que llevas dentro, y yo siempre he sentido esa necesidad. Creo que esto o lo sientes de verdad o no.
‘DEMO’ llega después de varios años de trabajo, dudas y aprendizaje. ¿Qué representó para ti poder publicar finalmente este primer álbum?
Publicar ‘DEMO’ fue una sensación difícil de explicar. Ya no sabía si llorar, sonreír o las dos cosas a la vez. Llevar casi una década pensando en este álbum, conseguir terminarlo con los recursos mínimos y después de todo lo que ha costado hace que el momento de verlo por fin fuera sea muy especial.
Además, vivir lejos de casa y tener que dedicar gran parte de mi tiempo a trabajar en otras cosas para poder mantenerme y no poder darle a la música todo el tiempo que me gustaría genera mucha impotencia y estrés. Creo que es algo por lo que pasamos muchos artistas emergentes.
Por eso, cuando finalmente lo presentas y ves que todo ese esfuerzo ha merecido la pena, es una felicidad enorme. Aunque también sabes que esto no ha hecho más que empezar y que ahora toca seguir confiando en tu proyecto.
El disco está construido en buena parte desde casa y de manera autogestionada. ¿Cómo ha influido esa forma de trabajar en el resultado final?
Ha influido muchísimo. De hecho, el propio título del disco viene de ahí. ‘DEMO’ representa bastante bien cómo se ha hecho este álbum: con pocos recursos, desde casa y haciendo yo mismo muchas partes del proceso.
He tenido la oportunidad de trabajar y grabar en estudios con artistas que tenían muchos más medios, y durante mucho tiempo comparaba lo que hacía con eso y pensaba que no estaba a la altura. Soy bastante exigente conmigo mismo y muchas veces sentía que mis canciones eran demos que algún día me gustaría llevar a un gran productor y convertir en algo mucho más grande.
Pero también entendí que intentar esconder esa realidad no tenía sentido. Este disco refleja exactamente dónde estoy, lo que he aprendido y lo que he sido capaz de hacer con los recursos que tenía. Y creo que eso también forma parte de ‘DEMO’.
El álbum recorre momentos como la pandemia, el cambio de Murcia a Madrid o distintas etapas personales. ¿Hasta qué punto ‘DEMO’ funciona también como una especie de diario personal?
‘DEMO’ es, literalmente, un reflejo de todos esos años de mi vida. Hay canciones que hablan de rupturas, de echar de menos Murcia, sus vistas, el monte… pero también de lo mucho que he aprendido a querer Madrid, sus edificios, su ritmo y todo lo que me ha dado.
También hay mucha frustración por intentar hacerme un hueco en la industria musical, pero no todo es eso. Hay momentos buenos, recuerdos, ilusión y muchas experiencias que me han marcado. Al final, el disco es un poco eso: una mezcla de todo lo que he ido viviendo y sintiendo durante estos años. Por eso sí que lo veo como una especie de diario personal.
¿Qué artistas o músicas han influido especialmente en la construcción de tu sonido?
Creo que más que hablar de artistas concretos, hablaría de influencias. Escucho música muy diferente y no soy de quedarme con un solo artista: voy del rock y el pop a los cantautores y cantautoras españoles y latinoamericanos, que tienen una forma de contar historias que me interesa mucho. Y luego está el jazz, que es la música en la que me he formado. Supongo que mi sonido nace un poco de juntar todas esas cosas sin intentar que ninguna pese más que las demás.

Eres murciano, pero actualmente vives en Madrid. ¿Qué queda de Murcia en tu manera de entender la música?
En Murcia queda todo, y creo que siempre va a estar ahí. Y especialmente en Jumilla, que es mi refugio cuando necesito parar. No importa si vuelvo dos días o paso allí un verano entero: cuando estoy allí siento que vuelvo a estar en casa y que las ideas salen solas.
Madrid es donde está mi vida ahora y donde estoy creciendo, pero Murcia es de donde vengo. Es el lugar al que vuelvo para desconectar, estar en paz y volver a encontrarme conmigo mismo. Y creo que eso también se refleja en mi música: muchas de mis canciones nacen precisamente de esa necesidad de volver a casa y de todo lo que siento cuando estoy allí.
¿Cómo ha cambiado tu perspectiva artística desde que te marchaste de Murcia?
Desde que me fui de Murcia he cambiado bastante, sobre todo en la forma de entender mi carrera. Cuando llegué a Madrid tenía muchas ganas de hacer cosas, pero también una visión bastante idealista de lo que significaba dedicarme a la música. Con los años, trabajar con otros artistas, estar en diferentes proyectos y vivir también la parte menos visible de esta profesión me ha hecho conocer mejor cómo funciona todo.
Ahora tengo mucho más claro lo que quiero para mí. Sé qué tipo de música quiero hacer, qué quiero transmitir y también qué cosas no estoy dispuesto a hacer solo por intentar encajar. Creo que esa seguridad es una de las cosas que más he ganado en Madrid.
Sigo teniendo la misma ilusión, pero ya no miro la música con los mismos ojos que cuando tenía veinte años. Tengo más experiencia, más criterio y también más paciencia. He aprendido que construir una carrera lleva tiempo y que, al final, lo importante es seguir trabajando y no perder de vista por qué empezaste.
Dices que el escenario es uno de los lugares donde más cómodo te sientes. ¿Qué tiene el directo que no puedes encontrar en el estudio?
Para mí, el directo tiene mucho de jazz. Puedes llevar un concierto muy preparado y saber perfectamente lo que vas a hacer, pero cuando sales al escenario nunca sabes del todo qué va a pasar. Puede fallar algo, puede pasar algo inesperado, puedes mirar a un músico y entenderos sin hablar o tener un momento con el público que no estaba previsto.
Y eso es lo que más me gusta: que no puedes tenerlo todo controlado. Tienes que estar ahí, reaccionar y dejarte llevar un poco. Creo que por eso me siento tan cómodo en el escenario.
Al final, la vida también es un poco eso: movimiento, improvisar y adaptarte a lo que va pasando. Y para mí, el jazz es un poco eso también.
¿Qué te gustaría que se llevara alguien después de asistir por primera vez a un concierto de Alex Ferrán?
Quiero que se vayan con el corazón lleno. Que en el concierto les dé tiempo a reírse, a emocionarse, a que alguna canción les toque un poco y también a saltar y bailar.
Al final, quiero que durante ese rato se olviden un poco de todo lo que tienen fuera y lo den todo. Que salgan cansados, incluso un poco destrozados, pero con esa sensación de haberlo soltado todo y habérselo pasado muy bien.
Y si al día siguiente tienen agujetas de tanto saltar, pues mejor que mejor.

¿Qué te gustaría que ocurriera con este proyecto durante el próximo año?
Durante el próximo año me gustaría seguir haciendo crecer el proyecto, sacar nueva música y llevar el directo a más sitios y a escenarios cada vez más grandes. Me gustaría poder entrar en festivales y seguir ganando público poco a poco.
La verdad es que cada vez veo más claro hacia dónde va todo. Me pasa que muchas cosas que me imagino acaban ocurriendo, y últimamente incluso antes de lo que pensaba. Por eso también me imagino este proyecto en grande, pero sé que una cosa es lo que uno sueña y otra lo que acaba pasando.
Yo voy a seguir trabajando, haciendo canciones y dando todo lo que pueda en los conciertos. Después, el tiempo y, sobre todo, el público serán los que digan hasta dónde puede llegar.
Si tuvieras que recomendar tres lugares de Murcia que hayan formado parte de tu historia musical, ¿cuáles serían?
Diría tres: el Cuartel de Artillería, los locales de ensayo de Sonido Industrial y la plaza de los Patos de Vistabella.
El Cuartel de Artillería es una parte enorme de mi historia. Allí está el conservatorio donde he estudiado y donde he pasado horas y horas de mi vida con un instrumento entre las manos. Los locales de Sonido Industrial representan otra etapa muy importante. Muchas veces llegaba directamente del conservatorio, de hacer deberes o de estudiar, y me iba a ensayar con las bandas de Murcia. Y cuando terminábamos, muchas veces me quedaba solo hasta las dos de la mañana tocando y estudiando. Luego cogía la bici y me volvía a casa para, al día siguiente, estar a las 8:10 en clase como cualquier otro niño.
Y luego está la plaza de los Patos de Vistabella, que para mí tiene algo especial. Allí vi mis primeros conciertos en directo cuando era niño. Miraba a los músicos desde abajo y pensaba que algún día quería estar ahí. Y con 15 años acabé tocando yo mismo en esas mismas tablas.
Supongo que por eso elegiría esos tres sitios: porque entre los tres cuentan bastante bien cómo empezó todo para mí.
¿Qué artistas o bandas murcianas crees que van a destacar próximamente?
La verdad es que aquí tengo que ser sincero: actualmente me siento bastante fuera del circuito de bandas de Murcia. En 2019 conocía prácticamente a todas, compartíamos salas, escenarios y muchas horas de música, pero desde que me fui a Madrid he perdido bastante el contacto con esa escena. Por eso tampoco me atrevería a hacer una lista de bandas que están destacando ahora, porque seguramente me dejaría a mucha gente fuera.
Pero si pudiera pedir que alguna banda de Murcia despegase de verdad, apostaría por MEZK y PLEYEL. Tocaba con ellos antes de irme a Madrid, hicimos muchísimos conciertos juntos, llegué a sacar disco con ambos y trabajamos muy duro durante años. Me cuesta pensar que todo aquello pueda quedarse simplemente en un recuerdo.
Ojalá les vaya muy bien, porque sé todo lo que han trabajado y, sinceramente, creo que se merecen todo y más.



