Otra tarde de domingo. Miras por la ventana, y ¡sorpresa!: el tiempo sufre uno de sus trastornos de carácter comparable al desamparo que causan las migrañas. La puerta se abre, se trata de tu compañero de piso, profesor de matemáticas. Y tú empiezas a hablar, claro (al final siempre terminas por hacerlo, ¿no es verdad?).
Le cuentas la anécdota que te ha molestado de esa clase