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La Guía Repsol destaca los dulces navideños del obrador del Convento de San Antonio

Los célebres dulces monacales elaborados por las Hermanas Concepcionistas Franciscanas del Convento de San Antonio de Algezares (Murcia) han logrado hacerse un hueco en la prestigiosa Guía Repsol. El obrador de las conocidas Antonias ha sido distinguido con un Solete, un reconocimiento que, por primera vez, la guía culinaria concede a veinticinco conventos españoles por “sus recetas clásicas y su elaboración totalmente artesanal”.

La Guía Repsol destaca que estas religiosas “se atreven con el panettone e incluso recibieron en 2021 el premio Panadería Artesana de España”, otorgado por la revista The Corporate Live Wire. Ese panettone, rebautizado en Murcia como murciatone, se suma a una larga lista de dulces tradicionales que han convertido a este obrador en un referente de la repostería navideña: tortas de Pascua, cordiales, pastelillos, mantecados, polvorones, roscos de vino, pastas, bizochos, roscos cordobeses…

El éxito de sus elaboraciones llevó a las Antonias a abrir, el 10 de octubre de 2018, una tienda en el centro de Murcia para acercar a los vecinos los dulces que llevaban elaborando desde hacía una década. Más tarde, el establecimiento se trasladó a la plaza Puxmarina, junto a la Catedral, desde donde cada Navidad miles de murcianos adquieren bandejas repletas de sus productos para las sobremesas y meriendas festivas. Además, sus dulces también pueden adquirirse a través de su página web.

Tradición monacal que perdura desde el siglo XIV

Las Hermanas Concepcionistas Franciscanas forman parte de la Orden de la Inmaculada Concepción, fundada por Santa Beatriz de Silva en 1490. El monasterio murciano, cuyo origen se remonta al siglo XIV, está hoy asentado en Algezares, a los pies del Santuario de la Virgen de la Fuensanta, patrona de la ciudad.

Su gastronomía hunde sus raíces en una antigua tradición artesanal transmitida de generación en generación. Los productos de su obrador combinan recetas medievales con creaciones propias desarrolladas a lo largo de los años. “Al igual que la abeja sabe extraer el mejor néctar de las flores, nosotras adquirimos la materia prima más exquisita que ofrece nuestra tierra murciana mediterránea para elaborar dulces que saben a cielo”, explican las hermanas.

Esa mezcla de historia, dedicación y respeto por la materia prima ha sido, sin duda, la clave para conquistar un Solete de la Guía Repsol, un reconocimiento que confirma que los dulces conventuales siguen siendo uno de los tesoros gastronómicos más apreciados por los paladares españoles.

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