
El sábado 15 de diciembre llegamos al Auditorio Víctor Villegas de Murcia pero nos encontramos con algo distinto. Nos encontramos con el Café de los Recuerdos, una cafetería con un dueño bastante peculiar, ni más ni menos que Ismael Serrano. Nos hizo pasar y nos pidió que nos pusiéramos cómodos, como si estuviéramos en casa. Y eso hicimos, nos acomodamos en nuestros asientos y nos preparamos para disfrutar de la velada del último concierto del año del cantautor.

Cuando todos estuvieron listos Ismael Serrano dio comienzo a su concierto y, como no podía ser de otra forma, a hablar con su público. El madrileño más que un cantante es un cuentacuentos, una de esas personas que comienzan a hablar y te atrapan con sus palabras haciéndote imposible dejar de escucharlo. Su día a día, su trabajo, sus aventuras por las redes sociales, sus incertidumbres, sus miedos, los problemas de nuestra sociedad, su decepción con la clase política… todo tuvo su sitio, como si de una charla entre amigos se tratara.

Y es que así te hace sentir, como si el que estuviera encima del escenario fuera un amigo de toda la vida. Así pasaron 3 horas sin apenas darnos cuenta. Además, para hacer aún más amena la noche nos invitó a un rico mate. Para quien no lo sepa se trata de una infusión argentina que se toma en compañía para acompañar una conversación o una buena velada.

Nos contó historias cantadas como Caperucita, Vértigo, Cien días, Todo empieza y todo acaba en ti, La extraña pareja… y así una tras otra, durante horas, hasta que llegó el momento de despedirse y marcharse. Y ya nos estábamos levantando cuando apareció y con un “me apetece una más” volvió para terminar el concierto con Papa Cuéntame Otra Vez y Vine del Norte.

Ismael, tan reivindicativo como siempre, nos incitó a que saliéramos a la calle, cansado de escuchar los mismos cuentos una y otra vez (crisis, ajustes, tiempos difíciles…), cuentos que debíamos cuestionar si pueden tener otro final. Finales distintos como en Hamelín donde los ratones se amotinen y devoren al flautista a orillas del río, que el hijo de Guillermo Tell se niegue a ponerse la manzana en la cabeza, que Blancanieves, cansada de la vida de palacio y de ser una mujer florero, decida marcharse y emprender una huida con el jardinero. Pequeñas cosas que hagan la diferencia, pequeñas cosas que nos hagan pensar y darnos cuenta de que todo puede cambiar. Asumir el protagonismo de nuestras vidas, dejar de ser espectadores, seres resignados que asistimos impasibles al devenir de los días. Darnos cuenta de que nosotros escribimos nuestro propio cuento.

Una vez que entras al Café de los Recuerdos sabes que no vas a ver un simple concierto, te das cuenta de que es mucho más. Mientras escuchábamos a Ismael Serrano era inevitable no sentir todo lo que nos contaba, nos hizo soñar y sentirnos, quizás, un poco mejor. Como dice el título de su nuevo disco, “todo empieza y todo acaba en ti”; eso fue lo que nos hizo sentir, que todo empezaba y acababa en nosotros. Os invito a entrar, si tenéis la oportunidad, en esta cafetería. Saldréis siendo otra persona.
Crónica y fotografías por Ismael Soria.
