Cuando vas al cine a ver una comedia; esperas reírte con un par de bromas que has visto en el trailer y por lo menos pasar un buen rato evadiéndote del estrés y la rutina diaria. Eso pensé yo cuando entré en la sala de cine y sin embargo no salí con la misma sensación.
«El becario», narra la historia de Ben Whittaker, un hombre viudo y jubilado que no acaba de adaptarse a la vida fuera del mercado laboral y lo más importante, a la vida sin su esposa. Así, motivado por esto decide incorporarse a una empresa de moda online como becario. El personaje de De Niro es entrañable, generoso, solidario con sus compañeros y un caballero de los que llevan traje y corbata a diario. Ben Whittaker, consigue ablandarnos el corazón con su simple presencia y la magia del actor que lo encarna hace el resto.

Anne Hathaway interpreta a Jules Ostin, una chica que ha alcanzado el éxito de su empresa quizá de manera prematura pero trata de asegurarse de que todo funcione bien desde la base. Sin embargo, a veces la situación la llega a superar a pesar de su implicación en la misma. Jules parece fría, distante, exigente y hasta un poco alocada debido al estrés que la consume.
En este momento se produce el choque de los polos opuestos. El señor Whittaker consigue no pasar desapercibido como becario y su trabajo consiste en ayudar a Jules en todo lo que ella le ordene. A pesar de que ella se muestra reticente, Ben le da a Jules una lección que nunca olvidará. Le enseña que la edad es sólo un número, que la cercanía con los compañeros y empleados es algo más que indispensable y que está bien perder un poco la cabeza de vez en cuando.
Hathaway y De Niro representan el alma de esta película en gran parte. La complicidad y la química tras la pantalla se hace notable desde el minuto uno. La veteranía del primero y la sonrisa inocente de nuestra eterna «princesa por sorpresa» representan el binomio perfecto, le dan al espectador sensación de calidez (de estar en casa).»El becario» nos hará reir, llorar, mezclar estas dos sensaciones y salir de la sala pensando que podemos ser un poquito mejores de lo que éramos antes de entrar. Es mucho más de lo que esperamos al comprar nuestra entrada y buscar la butaca seducidos por el olor a palomitas ¿no?


















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